El pasado agosto, el ministro de Transportes, Óscar Puente, inauguró un nuevo segmento de la autovía A-11 en Castilla y León, añadiendo 30 kilómetros a la red estatal. La ceremonia contó con fotos, titulares y declaraciones oficiales, pero el tramo abierto presenta una gran laguna: el viaducto que debe completarlo sigue en obra y no se espera hasta 2027.\n\nEste avance, aunque bienvenido por los usuarios de Valladolid y Quintanilla de Arriba, solo beneficia al tráfico en dirección a la capital castellano-leonesa. En sentido opuesto, hacia Soria, la carretera sigue interrumpida después de 25 kilómetros, lo que limita la continuidad del proyecto que lleva más de tres décadas gestándose.\n\nEl coste total del tramo, ya concluido, se ha disparado a 265 millones de euros, superando los 220 millones estimados inicialmente.
Este sobrecosto refleja, según expertos, la falta de planificación a largo plazo y la tendencia de los proyectos de infraestructura española a sufrir retrasos y aumentos presupuestarios. César Franco, ingeniero industrial y ex presidente del Consejo General de Ingenieros Industriales, describió el proceso como un “mal endémico” en el diseño y ejecución de carreteras.\n\nLa A-11 nació en 1993 como parte de un ambicioso plan para desdoblar la N-122 y crear una vía transversal que uniera Zamora, Valladolid, Soria y otras poblaciones, aliviando la presión de las carreteras radiales que parten de Madrid. Sin embargo, la realidad ha sido distinta: los primeros kilómetros se pavimentaron en 2002, pero más de 160 kilómetros siguen sin construirse y la obra se extiende hasta 2026 o más.\n\nMás allá de la cuestión financiera, la autovía representa un tema de seguridad vial.
La N-122, que la A-11 pretende reemplazar, es una de las carreteras más peligrosas de España; pocos días antes de la inauguración, cuatro jóvenes perdieron la vida en un accidente en esa vía. La finalización del proyecto podría reducir significativamente esos índices, siempre que se mantenga la calidad y el mantenimiento adecuados.\n\nDurante la inauguración, Puente destacó los 80 kilómetros añadidos desde 2018 y aseguró que todos los tramos están “en servicio, en obras o en proyecto”. No obstante, el comunicado oficial omitió una fecha clara de conclusión, dejando a la ciudadanía y a los usuarios con la incertidumbre de cuándo podrán circular sin interrupciones por toda la A-11.\n\nCon más de 30 años de historia, la A-11 sigue siendo una promesa pendiente.
Mientras se avanza en la construcción del viaducto y se buscan recursos para los kilómetros restantes, la expectativa es que la carretera se convierta en una verdadera columna vertebral de Castilla y León, mejorando la conectividad regional y reduciendo los riesgos en una de las rutas más críticas del país.
Fuente: xataka