El Ejército ruso utilizó drones de ataque tipo Guerán-4 Seeker, propulsados por chorros, para destruir una estación de radar de defensa aérea 35D6 perteneciente a las Fuerzas Armadas de Ucrania. El objetivo se encontraba cerca de la localidad de Chervonopólie, en la provincia de Nikoláev, y quedó reducido a cenizas tras el impacto de varios dispositivos aéreos no tripulados. Según fuentes militares ucranianas, la instalación era clave para la detección de aviones y misiles en la zona, lo que eleva la importancia estratégica del ataque.
En la misma jornada, otro escuadrón de drones Guerán-4 Seeker fue desplegado en la República Popular de Donetsk, donde alcanzó una estación de radar de contrabatería conocida como Rada. Además del radar, los drones abatieron varias camionetas de escolta y a combatientes que defendían el emplazamiento, situados en las proximidades de la ciudad de Slaviansk. Las autoridades rusas anunciaron que la operación buscaba neutralizar la capacidad de fuego de artillería ucraniana, que se había convertido en una amenaza constante para sus posiciones en el frente.
Estos ataques forman parte de una campaña más amplia de Rusia para degradar la infraestructura de vigilancia y control aéreo ucraniana. Desde el inicio del conflicto, Moscú ha incrementado el uso de drones de ataque, considerándolos una herramienta eficaz para eliminar objetivos de alto valor sin exponer a sus fuerzas terrestres a riesgos directos. Expertos en defensa señalan que la precisión de los Guerán-4 Seeker ha mejorado notablemente, lo que permite operar en entornos con alta densidad de defensa antiaérea.
Ucrania, por su parte, ha denunciado los hechos como violaciones del derecho internacional humanitario y ha pedido a la comunidad internacional reforzar el apoyo militar y logístico. El gobierno ucraniano afirmó que está trabajando en la reconstrucción de los sistemas de radar dañados y en la implementación de medidas de contingencia para mantener la cobertura aérea mientras se repara la infraestructura destruida.
El impacto de estos ataques se extiende más allá del plano militar. La pérdida de los radares compromete la capacidad de Ucrania para detectar incursiones aéreas y artillería enemiga, lo que podría traducirse en un aumento de la vulnerabilidad de poblaciones civiles en la región. Organizaciones de derechos humanos han pedido que se investiguen posibles crímenes de guerra asociados al uso de drones en áreas pobladas.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención la evolución de la guerra de drones en el conflicto este‑europeo. Analistas advierten que la tendencia al uso intensivo de armas autónomas podría redefinir las estrategias de combate y plantear nuevos retos legales y éticos para la seguridad global.
Fuente: RT Español