La Casa Blanca vuelve a lidiar con un viejo problema: los números macroeconómicos pueden ser sólidos, pero la opinión pública los ignora. En 2024, el presidente Joe Biden mostró un crecimiento del PIB del 2.2% y una tasa de desempleo del 4.2%, cifras comparables con economías avanzadas como Alemania. Sin embargo, los votantes siguieron sintiendo el peso de la inflación en el supermercado y la gasolina, lo que dañó su imagen económica.
Ahora, Donald Trump repite la escena en su campaña de mitad de mandato. Tras prometer bajar los precios de forma inmediata, el mandatario se topa con una inflación que, aunque ha disminuido su ritmo, sigue superando el aumento salarial. El último informe previo a las elecciones muestra que los precios al consumidor subieron un 3.7% mientras el salario medio por hora sólo creció un 3%, ampliando la brecha entre ingresos y costos de vida.
Las causas del escenario actual difieren de las de Biden. La pandemia y sus rupturas en la cadena de suministro marcaron la gestión de Biden, mientras que Trump enfrenta precios de energía más altos, derivados del conflicto entre EE. UU. e Irán y de sus propias políticas arancelarias. Los aranceles anunciados en abril de 2025, según un estudio de la Reserva Federal de Nueva York, elevaron los precios de bienes de consumo en casi un 3%, lo que repercute directamente en los bolsillos de los ciudadanos.
A pesar de que el mercado bursátil roza máximos históricos y el empleo se mantiene estable, la narrativa que percibe el electorado se centra en la vida cotidiana. Como explica la experta en encuestas Celinda Lake, los votantes entienden la “inflación baja” como precios que vuelven a ser los mismos, no como una desaceleración del crecimiento de los precios. Esa diferencia semántica crea una desconexión que ambos gobiernos no logran cerrar.
Trump, por su parte, ha intentado contrarrestar la percepción negativa con medidas como la reducción de impuestos, la caída del costo de medicamentos recetados y propuestas de limitar las tasas de interés de tarjetas de crédito. También ha sugerido un pago de US$5,000 a adultos estadounidenses si los republicanos conservan el Congreso, buscando aliviar la presión sobre los hogares.
Sin embargo, los analistas advierten que, al igual que Biden, Trump carece de margen para atribuir la inflación a factores externos sin que el electorado lo perciba como una falta de acción. La historia reciente muestra que la confianza económica depende más de la experiencia personal de los votantes que de los indicadores macroeconómicos, y la pregunta que queda es si el actual mandatario logrará cerrar esa brecha antes de las elecciones de mitad de mandato.
Fuente: Bbc