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Kentucky celebra la manada de alces más grande del este de EE. UU.

por editor
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En 1997 el estado de Kentucky inició un ambicioso programa para reintroducir alces, una especie que había desaparecido de los Apalaches desde 1877. Entre 1997 y 2002 se capturaron 1,541 ejemplares en seis estados del oeste y se liberaron en una zona de 16 condados del sureste de Kentucky, una extensión de 17,000 km² comparable con la provincia de Zaragoza. La iniciativa, liderada por el Departamento de Recursos de Pesca y Vida Silvestre, buscaba restablecer una población de 10,000 alces; hoy la manada supera los 13,000, convirtiéndose en la más numerosa al este de las Montañas Rocosas.

El territorio elegido combina bosques caducifolios, áreas agrícolas y, crucialmente, antiguas minas a cielo abierto de carbón que fueron rehabilitadas con pastizales. Estas minas, que representan solo el 10% del área de liberación, resultaron ser esenciales porque el pasto brinda el alimento que los bosques no pueden ofrecer a un herbívoro de tal tamaño. Así, los alces utilizan el bosque como refugio y cría, mientras que pastan en las praderas artificiales de las minas, beneficiándose también de inviernos suaves y la ausencia de depredadores como osos o lobos.

El éxito del proyecto tiene matices genéticos: los alces que ahora poblan Kentucky son del subspecies occidental, propio de las Montañas Rocosas, y no los orientales que se extinguieron en la región. Aunque a simple vista son indistinguibles, su ADN revela la diferencia. Además, los pastizales creados en las minas no son ecosistemas naturales; son superficies compactadas cubiertas de pastos, a veces exóticos, que no sustituyen la biodiversidad de una pradera original.

A pesar de esas advertencias, la reintroducción ha generado impactos positivos. El turismo cinegético y la observación de fauna atraen a visitantes y generan ingresos estimados en cinco millones de dólares al año, según la Universidad de Kentucky. El modelo de Kentucky ya se replica en otros estados del este, sirviendo como fuente de alces para nuevas restauraciones.

El caso muestra una paradoja: una industria históricamente dañina como la minería, al ser obligada a rehabilitar sus terrenos, creó sin intención el hábitat que permitió el regreso de una especie desaparecida. La historia de los alces en Kentucky ilustra cómo políticas de restauración pueden transformar legados de extracción en oportunidades de conservación.

Sin embargo, expertos advierten que la sustitución de praderas naturales por pastizales artificiales mantiene limitaciones ecológicas. El futuro de la manada dependerá de la gestión sostenible de estos hábitats y de la posible reintroducción de depredadores que equilibren la cadena alimentaria.

Fuente: xataka

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