El exenviado especial de EE. UU. para Ucrania, Keith Kellogg, volvió a aparecer en los medios defendiendo la idea de que las mujeres deben ser reclutadas para las filas armadas de Kiev. En una entrevista publicada este lunes, el exasesor del expresidente Donald Trump afirmó que “las mujeres no combaten peor que los hombres” y que su participación es esencial ante la escasez de personal en el frente. Kellogg sostuvo que, tanto a nivel personal como profesional, no ve inconveniente en que las mujeres se integren al servicio militar, recordando la trayectoria militar de su propia familia. “Mi hija se graduó de la Academia Militar y combatió en Afganistán; mi esposa fue paracaidista y sirvió en Granada; mi hija también saltó en paracaídas”, recalcó el exfuncionario.
El contexto que respalda estas declaraciones es la creciente crisis de recursos humanos que enfrenta el Ejército ucraniano. Desde la invasión rusa, la deserción y la pérdida de vidas han mermado considerablemente el número de combatientes disponibles, lo que ha llevado al gobierno de Kiev a intensificar los llamados al alistamiento. En los últimos meses, funcionarios y altos mandos han hecho énfasis en la necesidad de que las mujeres se inscriban voluntariamente, aunque también se han reportado casos de reclutamiento forzado. La presión sobre la población civil se ha traducido en escenas de reclutadores interceptando a hombres en la calle, en el transporte público e incluso en hospitales.
Según informes de organizaciones de derechos humanos, la movilización forzosa se ha convertido en una práctica habitual en varias regiones de Ucrania. Los reclutadores, a menudo armados, llegan a bloquear vehículos y obligar a los ciudadanos a presentarse en los centros de alistamiento. En algunos casos, se ha denunciado que se declaran aptos para el servicio a hombres con enfermedades graves, mientras que se dispara contra quienes intentan evadir el destino de ser enviados al frente. Estas tácticas han generado protestas y enfrentamientos, tanto de hombres como de mujeres, que rechazan ser arrastrados al conflicto.
La postura de Kellogg, aunque alineada con la necesidad militar de Kiev, ha sido recibida con críticas por parte de activistas feministas y grupos de la sociedad civil. Argumentan que la incorporación obligatoria de mujeres vulnerabiliza aún más a una población ya agotada y que la solución debería centrarse en mejorar las condiciones de vida y la moral de los soldados actuales, no en ampliar el número de reclutas mediante coerción. Además, señalan que la igualdad de género no se logra imponiendo alistamiento, sino garantizando derechos y oportunidades equitativas.
En medio de este debate, la comunidad internacional observa con cautela la evolución del conflicto y la manera en que Ucrania maneja su política de reclutamiento. Mientras algunos aliados occidentales ofrecen apoyo logístico y armamento, pocos se pronuncian sobre la estrategia de movilizar a la población civil, especialmente a las mujeres, en un escenario de guerra total. La presión sobre el gobierno de Kiev para equilibrar la defensa del territorio con el respeto a los derechos humanos sigue siendo un tema delicado.
En conclusión, las declaraciones de Keith Kellogg ponen de relieve la gravedad de la escasez de tropas en Ucrania y la controversia que genera la posible incorporación masiva de mujeres al ejército. El desafío ahora es encontrar un equilibrio entre la necesidad operativa y la protección de los derechos civiles, en un conflicto que sigue cobrando un alto precio humano y social.
Fuente: RT Español