Un equipo de periodistas de la revista Wired puso a prueba la calidad de los llamados “súper clones” de relojes de lujo fabricados en China. Los tres ejemplares, valorados en alrededor de 500 dólares cada uno, fueron comprados a través de plataformas de comercio electrónico y presentados como réplicas casi perfectas de modelos de la casa suiza Rolex. El objetivo era comprobar si una tienda oficial, con su personal altamente entrenado, podía distinguirlos de los originales.
Los investigadores llevaron uno de los clones a la tienda insignia de Rolex en la calle Bond Street, Londres, para solicitar el ajuste de la pulsera. El cliente explicó que necesitaba que se retiraran algunos eslabones para que el reloj quedara a la medida. El personal, sin sospechar nada, tomó el reloj, lo colocó en una bolsa oficial y realizó el ajuste con la misma precisión que aplicaría a un modelo auténtico.
Al concluir el servicio, el reloj fue devuelto al cliente en perfectas condiciones, sin que el empleado notara la falsificación. La bolsa oficial, el método de ajuste y la atención al detalle coincidían con los estándares de la marca. Este hecho demuestra que la calidad de los clones chinos ha alcanzado niveles que confunden incluso a expertos de la propia casa fabricante.
Los resultados del experimento fueron documentados y publicados, revelando que la diferencia visual y estructural entre los clones y los originales es mínima. Además, los investigadores descubrieron foros en línea donde coleccionistas y aficionados comparan meticulosamente cada detalle de estos relojes falsos, evaluando su precisión en materiales, peso y acabado.
Este fenómeno plantea preguntas sobre la vulnerabilidad de los canales de venta oficiales ante imitaciones tan avanzadas. Si un clon de 500 dólares puede pasar desapercibido en una boutique de lujo, la amenaza para la reputación y la confianza del consumidor se vuelve más grave, especialmente en un mercado donde el valor simbólico del producto supera al precio.
Expertos en propiedad intelectual advierten que la proliferación de estos clones podría impulsar acciones legales más agresivas por parte de marcas como Rolex, que buscan proteger su imagen y sus derechos de autor. Mientras tanto, los compradores potenciales deben estar alerta y exigir certificaciones auténticas al adquirir piezas de alta gama.
En conclusión, el experimento de Wired pone de relieve la creciente sofisticación de las falsificaciones chinas y la necesidad de que las casas de lujo refuercen sus mecanismos de verificación, tanto en tiendas físicas como en plataformas digitales, para salvaguardar la integridad de sus productos.
Fuente: RT Español