Amancio Ortega, la mayor fortuna de España y una de las diez personas más ricas del planeta, reveló en una entrevista que su éxito no nació de la búsqueda del lucro, sino de una visión centrada en el crecimiento constante. En el libro monográfico de Covadonga O’Shea, “Así es Amancio Ortega, el hombre que creó Zara”, el magnate confesó: “Si he ganado tanto dinero ha sido porque mi objetivo nunca ha sido ganar dinero”. Esta frase, que parece una paradoja, resume la mentalidad que ha impulsado a Inditex y a la gestora inmobiliaria Pontegadea, los dos imperios que le han otorgado un patrimonio estimado en 150 mil millones de dólares.
Ortega explicó que el motor de su empresa es el movimiento y la expansión. “Si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que la forma”, afirmó el fundador, subrayando que el crecimiento no se reduce a vender más, sino a abrir nuevas tiendas, ampliar la capacidad operativa y mantener la agilidad para responder al mercado. Según los datos de Inditex, al cierre del último ejercicio la compañía cuenta con 5,460 tiendas en todo el mundo, menos que el año anterior pero con mayor superficie de venta y la proyección de 41 nuevos mercados para 2025.
El recorrido de Ortega es propio de un relato de superación. Nacido en 1936 en el pequeño pueblo de Busdongo de Arbas, León, creció en una familia humilde y se mudó a A Coruña, donde a los 14 años comenzó como chico de los recados en la mercería La Maja. Abandonó la escuela para ayudar a su familia y, junto a su esposa Rosalía Mera, fabricó batas para la clase alta coruñesa, dando origen a Confecciones Goa en 1963. Esa pequeña empresa sería la semilla de la cadena que, en 1975, abriría la primera tienda Zara.
En 1985 nació Inditex como la estructura matriz que agruparía a Zara y otras marcas. Tres años después se dio el salto internacional con una tienda en Oporto, y pronto siguieron Nueva York y París. Todo el proceso se gestó desde Arteixo, donde Ortega ha mantenido su residencia, sin depender de consultoras externas. “No necesitamos consultores; quien vive el negocio día a día lo conoce mejor”, repetía en los libros de Luis Lara y Jorge Mas.
Para Ortega, los resultados financieros son meros indicadores secundarios. “Los resultados no son importantes, nunca los miro. Lo que hacemos es innovar y no mirar los resultados”, declaró. Su prioridad es que la empresa funcione y que sus empleados tengan un proyecto sólido. El dinero, según él, solo adquiere sentido cuando se orienta a objetivos mayores, como ayudar a las personas que dependen de la compañía.
Esta filosofía ha convertido a Ortega en un referente de gestión empresarial en España y el mundo. Su legado muestra que la riqueza puede ser una consecuencia natural de un liderazgo enfocado en el crecimiento sostenible, la innovación y el bienestar de la gente que hace posible el negocio.
Fuente: xataka