Un estudio reciente basado en datos del telescopio espacial James Webb ha revelado que una estrella en fase terminal, conocida como IRS 3, sobrevive a la intensa radiación y gravedad del agujero negro supermasivo Sagitario A* situado en el corazón de la Vía Láctea.\n\nLos investigadores, usando el instrumento MIRI que opera en el infrarrojo medio, lograron penetrar las densas capas de polvo que envuelven a IRS 3, una estrella de unos 72 millones de años de antigüedad y a solo 0,55 años luz del horizonte de sucesos de Sagitario A*. El análisis espectral mostró que el material expulsado por la estrella está dominado por silicatos, a diferencia de lo que se esperaba de una estrella rica en carbono en esa región.\n\nLa presencia de silicatos implica una abundancia de silicio y oxígeno, elementos clave para la formación de agua. De hecho, los científicos detectaron vapor de agua alrededor de IRS 3, lo que sugiere que, pese a la proximidad al agujero negro, los compuestos volátiles no fueron destruidos.
Este hallazgo contradice la idea tradicional de que los agujeros negros actúan como aspiradoras cósmicas que devoran cualquier materia cercana, impidiendo la acumulación de los ladrillos necesarios para crear nuevos cuerpos celestes.\n\nLos agujeros negros, aunque poseen una enorme masa y generan un horizonte de sucesos del cual nada escapa, sólo ejercen su atracción más letal dentro de esa frontera. Más allá, la gravedad sigue siendo fuerte, pero la radiación y los vientos de materia pueden destruir estructuras débiles. En el caso de IRS 3, su entorno parece estar lo suficientemente cohesionado para resistir esas fuerzas, manteniendo intactos los silicatos y el agua.\n\nSegún la astrofísica de la ESA, Macarena García Marín, este descubrimiento abre la posibilidad de que otras estrellas moribundas alrededor de agujeros negros supermasivos también contribuyan al enriquecimiento químico de su entorno, favoreciendo la formación de planetas y otras estructuras.
La visión de los agujeros negros como destructores absolutos tendría que revisarse a la luz de estos datos.\n\nEl próximo paso es observar otros centros galácticos y comparar sus entornos para determinar si este fenómeno es único de nuestra Vía Láctea o si es una característica común en el universo. Mientras tanto, la comunidad científica celebra una nueva pista sobre la compleja interacción entre estrellas envejecidas y los gigantes gravitacionales que dominan sus vecindades.
Fuente: xataka