En los últimos años China ha visto crecer una industria inesperada pero altamente lucrativa: la llamada “economía de la soledad”. El fenómeno se origina en la caída de la natalidad, el envejecimiento poblacional y el aumento de hogares unipersonales, que ahora representan el 29% de los hogares y podrían llegar al 33% en 2030. Cada vez más chinos viven sin pareja ni hijos, lo que genera nuevas demandas de consumo en solitario.
Una de las manifestaciones más curiosas de este mercado son los “pei pa”, literalmente “compañeros de escalada”. Un turista que desea subir al Monte Tai sin compañía puede contratar a un pei pa a través de plataformas como Xiaohongshu o Douyin, pagando entre 200 y 600 yuanes (30‑80 euros) por una caminata acompañada, conversación y fotos. No son guías profesionales ni sherpas; su función es rellenar el vacío social que normalmente ocuparían amigos o familiares.
El modelo de los pei pa es solo la punta del iceberg. La economía de la soledad abarca karaoke con cabinas individuales, restaurantes hot‑pot que ofrecen acompañantes remunerados, suscripciones a streaming, videojuegos, asistentes de IA y turismo en solitario. En el sector de la seguridad, apps como “Sileme” (“¿Estás muerto?”) recuerdan a los usuarios que confirmen su bienestar cada 48 horas, enviando alertas si no lo hacen.
Los números son contundentes. Analistas estiman que esta economía mueve entre 7.000 y 140.000 millones de dólares al año, según los sectores que se incluyan. Goldman Sachs señala que, mientras en 2017 China contaba con 90 millones de niños menores de cinco años, para 2030 se prevé menos de 40 millones, mientras que la población de mascotas urbanas superará los 70 millones, reflejando un cambio cultural profundo.
No es un fenómeno exclusivo de China. En EE. UU. Domino’s lanzó una pizza individual y en Japón existe un ministerio dedicado a combatir la soledad. En Europa, el 7% de los adultos se siente solo frecuentemente. Sin embargo, el tamaño del mercado chino y su rapidez de expansión lo convierten en un referente global para inversores y empresas que buscan atender a consumidores solitarios.
Expertos como el profesor Ming‑Hsuan Lee de la Universidad Sun Yat‑sen observan que los solteros invierten más en experiencias personales: viajes, restaurantes, educación y ocio. La tendencia sugiere que, lejos de ser una mera cuestión demográfica, la economía de la soledad está redefiniendo patrones de consumo y creando oportunidades de negocio que probablemente se replicarán en otras regiones del mundo.
Fuente: xataka