En la región de Mongolia Interior, en la ciudad de Dongsheng, la mayor mina a cielo abierto de carbón, Minda, convive ahora con hileras de invernaderos que cultivan verduras. La imagen de excavadoras y cultivos lado a lado sorprende, pues la minería suele considerarse el fin de cualquier uso agrícola del terreno. Sin embargo, las autoridades locales están impulsando la recuperación de los suelos degradados para volver a producir alimentos.
El proyecto forma parte de una estrategia más amplia en Ordos, donde en 2025 se contabilizaron 39 iniciativas de agricultura y ganadería ecológica en terrenos mineros, además de parques y plantas fotovoltaicas. La prioridad es reconstruir el sustrato: el material extraído se criba, se retira la piedra gruesa y se deposita una capa de unos 60 cm de suelo apto para el cultivo. Luego se enriquece con materia orgánica proveniente de paja y estiércol fermentado, y se garantiza el suministro hídrico mediante depósitos y sistemas de captación de lluvia, una inversión de 150 millones de yuanes.
Hasta la fecha, la recuperación cubre aproximadamente 14 000 mu (933 ha). En abril de 2026, el diario Inner Mongolia Daily informó que el complejo alberga 300 invernaderos, cultivos de maíz y alfalfa y explotaciones ganaderas. Los subproductos agrícolas alimentan al ganado, cuyo estiércol se transforma en fertilizante orgánico, cerrando un ciclo de producción sostenible. La producción agrícola del año 2025 alcanzó 12 millones de yuanes, cerca de 1,5 millones de euros.
Otros lugares de la región replican el modelo: en Dafanpu se cultivan 59 ha de frutales y 33 ha de viñedos; Heidaigou y Haerwusu planifican 2 800 ha de proyectos agroganaderos sobre escombreras; y en Shaanxi, Ningtiaota convirtió 13 ha de zona minada en un parque de invernaderos con tomates, pimientos y melones. Estos casos demuestran la viabilidad de reconvertir terrenos mineros en áreas productivas, aunque la transformación no elimina todos los riesgos ambientales.
La extracción de carbón altera la estructura del suelo, la cubierta vegetal y los sistemas hídricos, y puede dejar residuos como la ganga de carbón, que contiene metales pesados. Un estudio de 2025 detectó que, si bien los suelos recuperados cumplen los estándares agrícolas, presentan fertilidad baja y cadmio como principal riesgo. China cuenta con la norma GB 15618‑2018, que fija límites de contaminantes en suelos y alimentos para proteger la salud pública.
La pregunta clave sigue sin respuesta definitiva: ¿son seguros los alimentos cultivados sobre antiguas minas? Hasta ahora no se han encontrado pruebas de contaminación en los tomates de Minda, pero la vigilancia continua y el cumplimiento de normas son esenciales para garantizar que la tierra vuelva a ser productiva sin comprometer la salud de los consumidores.
Fuente: xataka