En medio de una creciente ola de advertencias apocalípticas sobre la inteligencia artificial, los líderes de OpenAI y Anthropic, Dario Amodei y Sam Altman, solicitan a EE. UU. frenar el ritmo de desarrollo. La petición no es nueva: se trata de una estrategia que el magnate John D. Rockefeller utilizó a finales del siglo XIX para convencer al Congreso de regular las grandes combinaciones empresariales, bajo la excusa de proteger la competencia internacional.
La semana pasada, un ingeniero de Anthropic renunció y denunció que la empresa “juega con nuestras vidas”, estimando un 10% de probabilidad de que la IA cause la extinción humana antes de 2035. Dario Amodei, CEO de la misma firma, afirmó que una IA podría controlar internet en menos de un año y pidió una pausa obligatoria. Figuras como Demis Hassabis de Google DeepMind, Elon Musk y Satya Nadella se sumaron al llamado, aunque ninguna medida concreta ha surgido.
En una carta dirigida a legisladores, Amodei propone una normativa uniforme que afecte a todas las compañías de IA, argumentando que la coordinación entre ellas podría colisionar con leyes antimonopolio. La propuesta sugiere que el gobierno medie esas colaboraciones o conceda exenciones específicas, convirtiendo la prudencia empresarial en una obligación legal para todo el sector.
Este tipo de “captura regulatoria” no es inédita. Rockefeller, en 1899, persuadió a la Comisión Industrial de que las grandes corporaciones eran necesarias y que debían ser supervisadas, no desmanteladas. Más tarde, AT&T logró ser declarada monopolio natural y las aerolíneas bloquearon la entrada de nuevos competidores durante décadas, todo bajo la premisa de proteger al consumidor.
OpenAI y Anthropic ya no son startups marginales; lideran el desarrollo de los modelos de frontera. Su demanda de regulación podría servir para elevar la barrera de entrada, limitando a rivales emergentes que carecen de recursos para cumplir con normas estrictas. El inversor David Sacks acusó en redes sociales a estas empresas de “fingir” la necesidad de permisos regulatorios para crear un cártel que mantenga su dominio.
El antiguo comisario de la FTC, Álvaro Bedoya, recordó que la legislación antimonopolio impide que las compañías de IA se coordinen para excluir a nuevos jugadores, mientras que Sacks afirmó que la forma más sencilla de evitar una superinteligencia es acordar no crearla. La cuestión sigue abierta: ¿las advertencias son genuinas o una maniobra para consolidar el poder de los actuales gigantes?
Mientras la FCT advierte que la ley antimonopolio sigue vigente, la discusión sobre la regulación de la IA continúa, y con ella la duda de si los líderes del sector buscan realmente la seguridad o una ventaja competitiva bajo el disfraz de responsabilidad pública.
Fuente: xataka