Irene Vila, nieta de una familia de San Clemente (Cuenca), adquirió en 2024 una vivienda rural por 9.000 euros. La casa, cerrada y con el tejado agujereado, había sido abandonada durante años y los propietarios buscaban deshacerse de ella. Gracias a ese estado de deterioro, Irene pudo negociar un precio muy bajo, pero pronto descubrió que la compra era solo la primera parte del gasto.
En España existen más de 4 millones de viviendas vacías, casi una quinta parte del parque inmobiliario, y la mitad de los hogares en municipios de menos de 10.000 habitantes están desocupados. En la provincia de Cuenca el precio medio del metro cuadrado ronda los 896 euros, aunque en San Clemente baja a 583 euros. Sin embargo, el bajo costo de adquisición suele ocultar una inversión de reforma que puede multiplicar el gasto inicial entre seis y trece veces.
El primer gran obstáculo es el tejado. En la casa de Irene, la cubierta de cañizo y teja necesitaba ser reemplazada. Según un albañil local, el coste de una nueva cubierta varía entre 60 y 150 euros por metro cuadrado; para una superficie de 100 metros, la cifra oscila entre 6.000 y 15.000 euros, sin incluir andamios, jornales y otros materiales. Los precios de las tejas también han subido, pasando de 0,49 a 1,10 euros cada una.
Una guía de presupuestos publicada en Cuenca sitúa la rehabilitación integral de una vivienda rural entre 500 y 1.200 euros por metro cuadrado. Con 100 metros, la reforma total puede costar entre 50.000 y 120.000 euros, más el 4‑7 % del proyecto arquitectónico y el 2‑5 % de la licencia municipal. Además, la escasez de albañiles en los pueblos pequeños obliga a esperar meses o incluso años para iniciar la obra.
Las ayudas públicas intentan aliviar la carga. Castilla‑La Mancha ofrece un subsidio del 20 % de la compra, hasta 10.800 euros, para compradores menores de 36 años en núcleos de menos de 10.000 habitantes. Navarra y La Rioja disponen de programas similares, aunque la mayoría de ayudas cubren la compra y no la reforma. Galicia, por su parte, financia hasta el 75 % de la rehabilitación, con un techo de 30.000 euros.
En la práctica, Irene avanza a su propio ritmo, realizando tareas de limpieza y pintura por cuenta propia y contratando a especialistas solo para los trabajos estructurales. Sin préstamos y sin prisa, su proyecto podría extenderse entre tres y cuatro años, y el coste total de la vivienda podría situarse entre 59.000 y 129.000 euros, según el escenario más optimista o pesimista.
La experiencia de Irene ilustra la realidad del mercado rural español: la vivienda barata existe, pero casi siempre requiere una inversión sustancial para volver a habitarla. Quienes se aventuran a comprar en pueblos remotos deben considerar no solo el precio de compra, sino también el tiempo, los trámites y el capital necesario para una reforma completa.
Fuente: Xataka