La creencia popular de que la bebida en polvo Tang fue creada por la NASA para los astronautas se ha convertido en uno de los malentendidos más rentables de la historia espacial. En realidad, Tang nació en los pasillos de los supermercados estadounidenses en 1959, cuando el químico William A. Mitchell, de General Foods, desarrolló unas cristales aromatizados de naranja que solo necesitaban agua para convertirse en una bebida. Su objetivo era ofrecer una alternativa práctica al jugo, enriquecida con vitamina C y sin necesidad de refrigeración, pero las ventas iniciales fueron modestamente discretas.
Mitchell, autor de alrededor de setenta patentes, ya había trabajado en sustitutos alimentarios durante la Segunda Guerra Mundial y había creado productos tan icónicos como Pop‑Rocks, Cool Whip y gelatinas instantáneas. Su enfoque reflejaba la tendencia de la posguerra a simplificar el almacenamiento y la preparación de alimentos mediante la química. Así, Tang surgió como una solución doméstica de comodidad, sin vínculo alguno con el programa espacial estadounidense.
A comienzos de los años sesenta, la NASA enfrentaba un problema cotidiano pero complejo: proporcionar agua potable y agradable a los astronautas en ingravidez. Los sistemas de reciclado de agua a bordo producían sabores desagradables, y los envases tradicionales no funcionaban bien en microgravedad. Tang, ligero, fácil de mezclar y sin necesidad de llevar líquidos ya preparados, resultó ser la respuesta práctica que los ingenieros buscaron, adaptando el producto a envases especiales para la nave.
El 20 de febrero de 1962, John Glenn orbitó la Tierra a bordo de Friendship 7, y la bebida quedó asociada a ese histórico vuelo, aunque no se tiene certeza de que la haya consumido durante la misión. Fue durante el programa Gemini, a partir de 1965, cuando Tang se incorporó de forma regular al menú de los astronautas, mejorando la palatabilidad del agua reciclada. Esta presencia en el espacio abrió una puerta publicitaria que General Foods no tardó en cruzar.
Aprovechando la fascinación de la población estadounidense por la carrera espacial, la empresa lanzó campañas que proclamaban que Tang había sido “elegida por la NASA”. En 1968, la marca patrocinó la transmisión de ABC del Apolo 8, la primera misión tripulada que orbitó la Luna, consolidando su imagen de bebida futurista y tecnológica. El mensaje publicitario fue tan potente que la mayoría de los consumidores terminó creyendo que Tang había sido creado para los astronautas.
Con el tiempo, la popularidad de Tang decayó en EE. UU., pero la marca encontró nuevos mercados en América Latina y otras regiones, superando los mil millones de dólares en ventas anuales a partir de 2011. La historia de Tang muestra cómo una asociación cultural puede transformar la percepción de un producto y prolongar su éxito mucho después de que desaparezcan las circunstancias que lo hicieron famoso. La NASA nunca se atribuyó la invención; simplemente utilizó una solución práctica que, gracias a la publicidad, se convirtió en leyenda.
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Fuente: xataka