La marina británica ha incorporado una flota de 20 embarcaciones no tripuladas, conocidas como K3 Scout, diseñadas por la empresa Kraken Technology Group. Sin embargo, una evaluación rutinaria de vulnerabilidades cibernéticas identificó un problema en uno de sus subsistemas: las cámaras instaladas a bordo contenían componentes fabricados en China y enviaban comunicaciones de tipo heartbeat a una dirección IP localizada en ese país.
El Ministerio de Defensa británico confirmó el hallazgo, pero aseguró que su investigación no encontró evidencias de que datos o sistemas del departamento hubieran sido accedidos, comprometidos o transmitidos al exterior. La empresa Kraken aseguró que las cámaras procedían de un tercero que había ofrecido garantías de seguridad y que, tras una auditoría conjunta con la Royal Navy, las posibles vulnerabilidades fueron identificadas y cerradas.
Los K3 Scout son embarcaciones de superficie no tripuladas que pueden alcanzar hasta 55 nudos y transportar unos 600 kg de carga útil. La Royal Navy adquirió 20 unidades por 12,3 millones de libras dentro de Project Beehive, una iniciativa que sirve como banco de pruebas para tecnologías de su futura Hybrid Navy.
La preocupación por la presencia de componentes chinos en sistemas militares británicos es un problema más amplio, ya que China ocupa una posición central en numerosas cadenas mundiales de electrónica y fabricación avanzada. El Reino Unido y la OTAN han avanzado en la dirección de proteger y diversificar sus cadenas de suministro y reducir dependencias potencialmente problemáticas dentro de sus capacidades de defensa.
La relación entre Londres y Pekín es compleja, ya que China sigue siendo un socio comercial de enorme peso para el Reino Unido, mientras que la revisión estratégica de defensa británica la describe como un ‘desafío sofisticado y persistente’ en materia de seguridad.
Fuente: xataka