La Armada mexicana lleva meses persiguiendo una inmensa masa de sargazo, una macroalga de tono chocolate que avanza hacia las costas del Caribe y tiñe el agua de marrón. El fenómeno, que ha alcanzado cifras históricas, llegó en 2026 a alrededor de 23 millones de toneladas en el Caribe occidental, obligando al gobierno a movilizar barcos, drones, satélites y una inversión de 115 millones de dólares para contenerlo.
El comandante Álvaro Villanueva, a 800 metros de la costa, describió la operación como una “guerra contra un enemigo marrón”. Utilizando imágenes satelitales para rastrear el desplazamiento y drones para precisar la ubicación, el buque Natans desplegó cintas transportadoras y una excavadora que compactó las algas a bordo. En pocas horas, la tripulación retiró más de 400 toneladas, y en algunos casos las acumulaciones alcanzan el tamaño de un campo de fútbol.
El sargazo no es una amenaza nueva; se documentó por primera vez en 1492 durante el viaje de Cristóbal Colón. Sin embargo, desde 2011 los cambios en corrientes oceánicas, vientos y la mayor disponibilidad de nutrientes provenientes de fertilizantes agrícolas han favorecido su proliferación. Según el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, su volumen se duplica aproximadamente cada cinco años, formando el Gran Cinturón de Sargazo que se extiende desde África occidental hasta Brasil y el Golfo de México.
En la Riviera Maya, la zona turística más afectada, las playas de Cancún a Tulum se han convertido en escenarios de montañas de algas de hasta tres metros de altura. Al descomponerse bajo el sol, el sargazo libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, generando un olor a huevos podridos y riesgos para la salud. El impacto ha sido tan severo que el tráfico aeroportuario de Quintana Roo cayó un 6% entre enero y julio de 2026, y la ocupación hotelera retrocedió casi cuatro puntos porcentuales.
El gobierno busca transformar la crisis en oportunidad. Empresas mexicanas e internacionales están desarrollando productos a partir del sargazo, desde materiales de construcción hasta cosméticos, bajo la denominación de “oro azul”. Una planta piloto capaz de procesar 4,000 toneladas diarias está en marcha, con financiamiento de la Unión Europea y el Banco Mundial, y se espera que la industria circular reduzca los costos de la limpieza y genere ingresos.
A futuro, México planea incorporar un buque de mayor capacidad antes de terminar 2026 y adquirir dos más en 2027, con el objetivo de interceptar la macroalga en alta mar antes de que llegue a la costa. Países como República Dominicana ya estudian adquirir estos barcos especializados, lo que posiciona a México como referente en la lucha contra el sargazo a nivel regional.
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Fuente: Xataka