El FLOP Museum, inaugurado el 15 de abril de 2026 en la capital noruega, se ha convertido en el primer espacio dedicado a exhibir productos que prometieron revolucionar el mercado y terminaron como fracasos rotundos. Fundado por Steffen Kalve, ex‑empleado de Google, el museo alberga más de 270 objetos, de los cuales alrededor de 100 se muestran simultáneamente, ofreciendo a los visitantes un recorrido por décadas de ideas mal calculadas. La exposición no solo muestra gadgets desconocidos, sino también objetos cotidanos que se convirtieron en lecciones de marketing y diseño. Kalve ha anunciado que esta será la última temporada del museo en Oslo; tras el otoño los objetos viajarán a otras ciudades, aunque aún no se ha definido su próximo destino.
Entre los artículos más llamativos se encuentran las Google Glass, unas gafas inteligentes que intentaron llevar la información digital directamente a la vista del usuario. Su alto precio, las dudas sobre la privacidad y la falta de una utilidad clara provocaron su fracaso comercial, obligando a Google a reorientar el producto al sector empresarial antes de retirarlo en 2023. Otro ejemplo es el MiniDisc de Sony, un formato de audio digital que nunca logró imponerse frente al MP3 y el iPod, pese a su éxito limitado en Japón.
La exposición también incluye la muñeca My Friend Cayla, que respondía mediante Bluetooth y una app, pero que fue catalogada como dispositivo de vigilancia ilegal en Alemania tras una investigación del Norwegian Consumer Council. En el apartado de bebidas, la colección muestra la Crystal Pepsi, una cola transparente lanzada en los noventa que no logró captar al público, y la Red Bull Cola, otro intento de diversificar el portafolio de la marca energética. Asimismo, se exhibe la máscara facial Rejuvenique, que utilizaba 26 electrodos para estimular eléctricamente la piel, pero que resultó más curiosidad que solución estética.
Los curadores del museo explican que los fracasos aparecen por distintas razones: lanzamientos prematuros, falta de conexión con el consumidor o decisiones de marketing equivocadas. El objetivo no es glorificar el error, sino extraer enseñanzas que ayuden a futuros innovadores a evitar los mismos tropiezos. Kalve, con su experiencia en Google, insiste en que comprender los fallos es tan valioso como celebrar los éxitos.
Al visitar el FLOP Museum, el público no solo observa objetos inusuales, sino que también reflexiona sobre la fragilidad de la innovación. Cada pieza cuenta una historia de expectativas infladas y realidades crudas, recordando que el camino hacia el progreso está lleno de pruebas y errores. La exposición invita a profesionales, estudiantes y curiosos a analizar qué salió mal y cómo esas lecciones pueden inspirar la próxima gran idea.
Con su enfoque único, el museo plantea una visión diferente del patrimonio tecnológico: preservar no solo los triunfos, sino también los desaciertos que, a la postre, forman la base del aprendizaje colectivo. La iniciativa ya ha despertado el interés de otras capitales europeas, que podrían acoger la colección una vez concluida su etapa en Oslo.
Fuente: xataka