Una campaña reciente demuestra que la inteligencia artificial está redefiniendo la velocidad y el coste de los ciberataques. Un atacante de origen chino entregó a sus agentes una instrucción de menos de 100 caracteres en chino y, en cuestión de días, se dirigió a más de 1,200 sitios web. Al cierre de la semana pasada, más de 100 de esos dominios habían sido comprometidos, según Reuters. Entre las víctimas se encuentran páginas vinculadas a gigantes como Deere, SharkNinja y Cummins, aunque la magnitud del daño a los datos aún no se conoce con precisión.
El motor detrás de la ofensiva es un sistema llamado Cairn, una IA de resolución de problemas basada en múltiples agentes. No se trata de una herramienta diseñada exclusivamente para hackear, sino de una plataforma abierta que, a partir de un objetivo, divide la tarea, registra hallazgos y decide el siguiente paso sin intervención humana constante. Así, el software puede pasar horas realizando reconocimiento, buscando vulnerabilidades y explotándolas, mientras el atacante supervisa de forma remota.
Un caso documentado por NorForge muestra la autonomía del sistema. Tras fallar en la detección de fallas en la aplicación pública de una gran empresa, la IA siguió rastreando registros digitales, encontró un panel accesible desde internet y explotó una debilidad sutil en el procesamiento de datos. Finalmente, logró que el servidor ejecutara comandos, un nivel de complejidad que supera al de los llamados “script kiddies”. Este tipo de operaciones evidencia que la IA no solo automatiza scripts simples, sino que ejecuta procesos de explotación avanzados.
El costo económico de la campaña es también revelador. Cada intento exitoso costó alrededor de 50 dólares en tokens de IA, sumando aproximadamente 5,000 dólares para los más de 100 compromisos. En contraste, antes se requerían cientos de horas de trabajo humano para lograr resultados similares. La reducción del gasto y la capacidad de mantener múltiples intentos activos simultáneamente permiten a un solo atacante ampliar su radio de acción sin incrementar significativamente sus recursos.
Este fenómeno no es aislado. Empresas como Anthropic y Google Threat Intelligence ya han reportado operaciones en las que sistemas agénticos realizan reconocimiento, explotación y extracción de datos de forma continua. Aunque las vulnerabilidades explotadas siguen siendo conocidas o derivadas de credenciales robadas, la diferencia radica en cuántas de esas fases pueden delegarse a la IA, multiplicando la productividad del atacante.
Ante este panorama, la defensa debe adaptarse. Microsoft advierte sobre la necesidad de limitar privilegios y supervisar acciones de IA dentro de los sistemas, mientras el NCSC del Reino Unido prevé que la inteligencia artificial hará que los ataques sean más rápidos y frecuentes. Sin embargo, el factor humano sigue siendo esencial: la elección de objetivos, la interpretación de resultados y la monetización del acceso continúan dependiendo de personas, aunque su carga de trabajo se ha reducido drásticamente.
Fuente: xataka