Anthropic, uno de los laboratorios más influyentes de inteligencia artificial en EE. UU., anunció que destinará el 5 % de sus acciones a un Fondo de Beneficio Público, siempre que sus accionistas lo aprueben. El objetivo es mitigar el impacto laboral que la IA está generando, ya que su director, Dario Amodei, advierte que en menos de cinco años la mitad de los empleos de oficina de nivel inicial podrían desaparecer. Según Amodei, los modelos de lenguaje serán capaces de realizar esas tareas con mayor eficiencia y menor costo, lo que obligará a las empresas a sustituir personal por algoritmos.
El ritmo de desarrollo de la IA en los últimos seis meses ha superado incluso esas previsiones, según analistas. Por ello, la discusión sobre la responsabilidad de los creadores de IA se vuelve urgente. Mientras Anthropic opta por canalizar recursos a través de un fondo filantrópico que pueda financiar programas de reconversión y protección social, Elon Musk, fundador de Tesla, SpaceX y recientemente de xAI, plantea una solución radicalmente distinta: repartir acciones de SpaceX directamente a los niños estadounidenses.
Musk sugiere que, al transferir participaciones de la compañía —valoradas en alrededor de 11 000 millones de dólares según la cotización actual— los menores recibirían una porción del crecimiento futuro de la empresa. No se trata de efectivo inmediato, sino de una inversión cuyo valor dependerá del desempeño de SpaceX en los próximos años. La idea, según el magnate, garantizaría que la riqueza generada por la IA beneficie a la población de forma directa, sin intermediarios.
Ambas propuestas comparten la premisa de que los laboratorios de IA deben asumir un papel activo en la distribución de la riqueza que sus tecnologías están creando. Sin embargo, difieren en la forma de canalizar esos recursos: Anthropic apuesta por un fondo público que podría financiar educación, capacitación y redes de seguridad social; Musk prefiere una distribución de capital que convierta a los niños en accionistas potenciales.
Los críticos señalan que, aunque la filantropía es valiosa, no puede sustituir políticas públicas sólidas que aborden la pérdida de empleos, la creciente desigualdad y los riesgos éticos de la IA. La regulación gubernamental, los impuestos progresivos y los programas de reconversión laboral siguen siendo esenciales para evitar que la concentración de riqueza genere desequilibrios sociales.
En última instancia, la disputa entre Musk y Anthropic ilustra un debate global sobre cómo repartir los frutos de una revolución tecnológica. La respuesta definitiva probablemente requiera una combinación de iniciativas privadas, filantropía responsable y marcos regulatorios que garanticen una transición justa para la fuerza laboral en todo el mundo.
Fuente: Xataka