Inicio InternacionalNiños yemeníes arriesgan sus vidas para asistir a la escuela bajo fuego de francotiradores

Niños yemeníes arriesgan sus vidas para asistir a la escuela bajo fuego de francotiradores

por editor
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Todos los días, a las 6:00 a.m., Rafeef, una niña de diez años, se viste con su uniforme crema‑marrón y se prepara para caminar hacia la escuela ubicada en una montaña de Taiz. El trayecto, que para la mayoría sería rutinario, se convierte en una travesía peligrosa: la institución se asienta al borde de un valle conocido como “tierra de nadie”, donde se enfrentan las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita y los rebeldes hutíes apoyados por Irán. Cada mañana Rafeef sube la ladera de espaldas a los francotiradores, temiendo ser alcanzada por un disparo.

Según UNICEF, antes de la escalada del conflicto el 2023, 3.2 millones de niños yemeníes ya estaban fuera del sistema educativo; la guerra ha aumentado esa cifra y ha dejado a miles de menores muertos o mutilados. Aun así, Rafeef insiste en asistir a clases porque allí encuentra a sus amigos y la única oportunidad de un futuro distinto, soñando con ser médica. Sus padres, que huyeron de la ciudad costera de Hodeidah hace nueve años, ven la educación como la única salida de la espiral de violencia que arrasa la región.

La vida en Taiz está marcada por los bombardeos. Hace dos años, un mortero impactó la casa de Rafeef, hiriéndola el brazo y dejándole una cicatriz permanente. Recientemente, los hutíes bloquearon la carretera que enlaza Taiz con Adén, aislando la ciudad y aumentando la incertidumbre de sus habitantes. Las fuerzas gubernamentales, por su parte, han recuperado posiciones estratégicas en el estrecho de Bab el‑Mandeb y lanzan una ofensiva para retomar Saná, pero el frente sigue inestable.

Visitar el barrio de Rafeef resultó extremadamente arriesgado; en una ocasión se reportaron tres bajas por francotiradores y, en otra, otro tiroteo. En la escuela, el profesor Abdel Raqeeb al‑Obaidi muestra desde la azotea los campamentos militares hutíes y advierte que cualquier movimiento puede desencadenar un ataque. “La situación puede estallar en cualquier momento mientras estamos en clase”, afirma, reflejando la cotidianidad del peligro.

La violencia también se refleja en los hospitales. Un niño de tres años, Ahmed, falleció cuando una metralla le atravesó el corazón en un taller mecánico cercano. Otro niño, Amjad, de 11 años, quedó gravemente herido en el pulmón y abdomen; su madre, tras un viaje de ocho horas, llegó al hospital al amanecer, encontrándolo en cuidados intensivos. Los profesionales de salud, agotados, claman por paz y seguridad para sus pacientes más vulnerables.

La historia de Rafeef y sus compañeros ilustra el costo humano de la guerra civil y la resiliencia de una generación que, pese a los horrores, sigue persiguiendo la educación como esperanza de un futuro mejor.

Fuente: Bbc

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