El Comité Olímpico Internacional y World Rowing han confirmado que el río Fitzroy, en Rockhampton, será la sede de las pruebas de remo y piragüismo en los Juegos de Brisbane 2032. La decisión, respaldada por un estudio técnico de WaterProof, Paddle Worldwide y la propia federación, evaluó lecho, caudales, niveles de agua y clima, y se anunció como “firmado, sellado y entregado” por el primer ministro de Queensland, David Crisafulli.
Sin embargo, el Fitzroy no es un cauce cualquiera: atraviesa el hábitat del cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus), el reptil más grande del planeta. Aunque la especie estuvo casi extinguida hasta su protección en 1974, hoy se estima entre 20,000 y 30,000 ejemplares en Queensland. En el tramo seleccionado para el remo la densidad es baja, alrededor de 0.2 cocodrilos por kilómetro, lo que equivale a unos 100 individuos en los 480 km del río, según datos de la autoridad estatal.
Aun con esa baja presencia, la posibilidad de avistamientos genera protocolos de seguridad. La BBC informó que, si algún remero o espectador grita “cocodrilo, cocodrilo, cocodrilo”, la competición se suspende y los atletas regresan a la orilla. Los cocodrilos que representen una amenaza pueden ser trasladados por el Departamento de Fauna de Queensland, aunque la normativa reconoce que no se puede garantizar una vía fluvial libre de ellos.
La comunidad del remo no está tan preocupada por los reptiles como por la equidad del circuito. Entrenadores y atletas de British Rowing, Alemania y Australia cuestionan la idoneidad de un río con mareas, curvas pronunciadas y variaciones de corriente para la élite olímpica. Drew Ginn, triple campeón, señaló el riesgo de inundaciones, mientras que Moritz Petri, presidente de la federación alemana, destacó la distancia de 600 km de Brisbane como un desafío logístico y de sostenibilidad.
A pesar de los reclamos, una regata escolar se celebró recientemente en el Fitzroy sin incidentes, lo que sugiere que los riesgos pueden gestionarse. Los organizadores confían en planes de emergencia bien ensayados y en la experiencia de los guardaparques locales, quienes monitorean la fauna de forma continua.
Con la cuenta regresiva para 2032, el debate sigue abierto: ¿es viable un escenario olímpico en un entorno natural tan singular? La respuesta dependerá de la capacidad de los organizadores para equilibrar la espectacularidad del entorno con la seguridad de los atletas y la justicia competitiva.
Fuente: Xataka