Washington completará este miércoles la retirada de los últimos soldados estadounidenses de Irak, poniendo fin a una presencia que comenzó con la invasión de 2003 y que se extendió durante dos décadas de conflicto y lucha contra el Estado Islámico. La medida se concreta tras el acuerdo de 2024 entre EE.UU. y Bagdad para cerrar la Operación Resolución Inherente, la misión de la coalición contra el EI, que ya no se considera una amenaza significativa en el territorio iraquí. En su apogeo, en 2007, más de 170,000 tropas estadounidenses estaban desplegadas; para diciembre de 2023 esa cifra había descendido a unos 2,400, concentrados mayormente en la región kurda.
La retirada responde a la presión política interna de Irak, donde facciones proiraníes y sectores chiitas exigen el fin de la presencia extranjera, considerándola una vulneración de la soberanía nacional. Douglas Silliman, exembajador de EE.UU. en Bagdad, señaló que varios gobiernos iraquíes han recibido demandas constantes para que los soldados abandonen el país, mientras que expertos como Safwan Al‑Amin del Atlantic Council describen la salida como “el cierre de una misión que ya cumplió su objetivo contra el EI”.
Sin embargo, los analistas advierten que la partida de las tropas no eliminará la influencia estadounidense en Irak. El país sigue dependiendo de la venta de petróleo en dólares, de la compra de armas estadounidenses y del apoyo diplomático de Washington para equilibrar la presión iraní. La embajada de EE.UU. en Bagdad es la más grande del mundo y el consulado en Erbil también mantiene una presencia significativa que requerirá protección tras el retiro militar.
El legado de la intervención estadounidense sigue siendo objeto de debate. Mientras algunos destacan la caída del régimen de Saddam Hussein y la apertura de espacios democráticos, otros subrayan la inestabilidad generada, el aumento de la influencia iraní y la persistente corrupción. La mayoría coincide en que Irak aún está lejos de consolidar una democracia estable; milicias respaldadas por Irán continúan ejerciendo poder dentro del sistema político y financiero del país.
De cara al futuro, la principal incertidumbre radica en la relación entre Bagdad y las milicias chiitas. El primer ministro Ali al‑Zaidi había propuesto que estas fuerzas quedaran bajo control estatal antes del 30 de septiembre, pero los grupos respaldados por Teherán buscan extender su mandato hasta 2027. Expertos como Yerevan Saeed advierten que la ausencia de tropas estadounidenses podría reactivar tensiones sectarias y abrir la puerta a un posible resurgimiento del Estado Islámico, mientras que otros, como Silliman, consideran que las fuerzas de seguridad iraquíes están mejor preparadas que hace una década.
En conclusión, la retirada de EE.UU. marca el cierre de un capítulo histórico, pero el equilibrio de poder en Irak seguirá influenciado por la rivalidad entre Washington e Irán, y por la capacidad del Estado iraquí para controlar a sus milicias y garantizar la estabilidad interna.
Fuente: Bbc