Washington recibió al presidente chino Xi Jinping en la Casa Blanca en una visita de Estado que combinó pompa diplomática y negociaciones tensas. Los líderes acordaron una prórroga de dos meses al acuerdo comercial que había detenido la guerra de tarifas, extendiendo su vigencia hasta enero. Según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, la extensión brinda tiempo para explorar opciones económicas, pero no soluciona los problemas estructurales que subyacen al conflicto comercial.
Los temas críticos quedaron en el aire: aranceles, compras de soja y otros productos agrícolas, acceso a tierras raras y controles tecnológicos siguen sin una respuesta definitiva. Pekín ha cumplido con la entrega de 25 millones de toneladas de soja pactadas, pero mantiene un déficit de 17,000 millones de dólares en otros productos agrícolas, según fuentes estadounidenses. Asimismo, las entregas de minerales críticos están por debajo de lo prometido, lo que genera incertidumbre en la industria tecnológica.
En el plano geopolítico, Xi aprovechó la cumbre para presionar a EE. UU. a manejar “con prudencia” la cuestión de Taiwán, demandando un rechazo explícito a la independencia de la isla. Este lenguaje es más duro que el habitual “no apoyar” la independencia que emplea la diplomacia estadounidense. La administración Trump, sin embargo, no ha indicado cambios en su postura oficial, lo que podría generar dudas en el Congreso y en los aliados de la isla.
La inteligencia artificial emergió como otro punto de fricción. Trump, a quien le gusta llamar “superinteligencia”, afirmó que la regulación quedará en manos del Departamento de Justicia y que China comparte su visión de no imponer nuevas restricciones. Xi, por su parte, insistió en que ambas potencias, como líderes en IA, deben gestionar su desarrollo bajo control humano y para el bienestar de la población, subrayando una responsabilidad compartida.
Xi también recordó la “trampa de Tucídides”, teoría que sugiere que la rivalidad entre una potencia establecida y una emergente puede desencadenar guerra. Aunque el mandatario chino dijo que el riesgo puede superarse, la referencia dejó en evidencia la persistente sombra de un posible conflicto militar. Propuso, sin embargo, reforzar el diálogo militar y crear mecanismos de prevención de crisis para evitar confrontaciones.
Trump, por su parte, evocó la alianza histórica de EE. UU. y China contra Japón en la Segunda Guerra Mundial, intentando resaltar el potencial de cooperación. La extensión de la tregua comercial ofrece un respiro, pero la falta de acuerdos sobre aranceles, tecnología y Taiwán mantiene la relación bilateral en un estado de incertidumbre que seguirá influyendo en la política y la economía global.
Fuente: RT Español