En octubre de 2024 un pescador de la desembocadura del Guadalquivir capturó una gamba desconocida que, tras el análisis del CSIC, resultó ser la Macrobrachium asiática, la primera en la península ibérica y la más occidental de Europa. El hallazgo sorprendió a la comunidad pesquera, que nunca había visto aquel crustáceo, y despertó la inquietud de autoridades y científicos sobre su origen. Según los expertos, la forma más probable de llegada fue a través del agua de lastre de un buque que ingresó al río, convirtiendo al Guadalquivir en una verdadera puerta de acceso para organismos exóticos.
El Guadalquivir es el único gran río español que alberga un puerto marítimo interior, el de Sevilla, que en 2025 registró 991 escalas de buques. Esa cantidad de tráfico convierte al estuario en un “vector de riesgo” constante, pues cada embarcación puede transportar organismos ajenos en sus cascos o en el lastre. La historia no es nueva: en 1996 se describió el primer crustáceo introducido, un isópodo del Pacífico, y desde entonces se han registrado múltiples invasores, como el cangrejo chino de mitones (1997), el camarón oriental del mar de Japón (1999), el cangrejo azul (2002) y la lagunilla (2021).
Estudios realizados en el golfo de Cádiz revelan que la aparición de crustáceos exóticos se ha acelerado desde la década de 1980, con un pico en los cinco años previos al presente. El grupo liderado por Carlos Fernández‑Delgado de la Universidad de Córdoba calculó en 2014 que una nueva especie ingresaba al estuario aproximadamente cada tres años. Este ritmo se ve favorecido por el cambio climático, que altera la salinidad del río al reducir el caudal de agua dulce, creando un ambiente propicio para especies que toleran mayores concentraciones de sal.
Ante este escenario, en septiembre de 2024 se implementó una normativa que obliga a todos los buques a tratar su agua de lastre antes de entrar al estuario, no solo a cambiarla en alta mar. Sin embargo, la aparición de la Macrobrachium asiática después de la entrada en vigor de la medida sugiere que los protocolos aún son insuficientes o que su cumplimiento es parcial. Los científicos reclaman acciones más integrales que consideren el estuario como un todo, no solo los puntos de entrada.
La problemática no se limita al Guadalquivir; otras cuencas españolas también enfrentan invasiones de especies como castores, percas americanas y siluros. La falta de medidas contundentes podría acelerar la pérdida de biodiversidad autóctona y afectar actividades económicas vinculadas a la pesca y al turismo. Por ello, la comunidad científica y ambientalista insiste en la necesidad de fortalecer la vigilancia, mejorar los sistemas de tratamiento de lastre y promover la investigación sobre los impactos ecológicos de estos invasores.
En conclusión, el Guadalquivir sigue siendo la principal vía de ingreso de organismos exóticos a Andalucía, y su gestión requiere una coordinación nacional e internacional que trascienda regulaciones puntuales. Sólo con un enfoque integral se podrá frenar la ola de invasiones y proteger los ecosistemas fluviales del sur de España.
Fuente: xataka