El escritor haitiano‑canadiense Thélyson Orélien se alzó con el Premio Fnac a la mejor novela por “C’était ça ou mourir”. La obra, que narra la travesía de un profesor haitiano a través de América del Norte, ha vendido 35,000 copias, ha sido traducida a veinte idiomas y compite por los galardones más prestigiosos de la literatura francesa. Sin embargo, un tuit de una cuenta anónima con pocos seguidores, que hoy supera los 9,000, acusó al autor de haber redactado el libro con la ayuda de inteligencia artificial, generando más de tres millones de visualizaciones.
La polémica se intensificó cuando varios detectores de IA, entre ellos el estadounidense Pangram y el francés Lucide, analizaron el texto completo de 64,103 palabras y determinaron que entre el 94% y el 100% del contenido mostraba rasgos típicos de generación automática. Otros sistemas, como InVID‑WeVerify, arrojaron resultados opuestos, catalogando los mismos fragmentos como “muy probablemente humanos”. Esta disparidad evidencia la falta de consenso sobre la fiabilidad de los algoritmos de detección.
Orélien, de 38 años, llegó a Quebec en 2010 y ya había publicado poemarios y ensayos sobre racismo y memoria. Sus críticos destacan una serie de metáforas exageradas y tics estilísticos que recuerdan a los patrones de los modelos de lenguaje: frases como “la lluvia golpeaba la lona como un ejército de mosquitos con esteroides” o “la normalidad es un milagro repetido hasta el infinito”. Algunos lectores consideran que la prosa, aunque bella, resulta vacía y demasiado pulida.
Ante la acusación, el autor explicó que la repetición de ciertos giros proviene de la tradición oral haitiana y que su estilo se ha forjado a lo largo de años de escritura. No obstante, no respondió directamente a los cuestionamientos sobre el uso de IA, lo que alimentó la sospecha de que la controversia pudiera estar motivada por factores raciales y políticos, dado su perfil como escritor negro, inmigrante y crítico del régimen de Trump.
Los defensores de los detectores de IA advierten que la tecnología aún es vulnerable a falsos positivos y a manipulaciones intencionales, como introducir errores sintácticos para engañar al algoritmo. Estudios independientes muestran que la tasa de falsos positivos de Pangram es extremadamente baja (0.0041%), pero estos cálculos se basan en corpus de inglés y no en novelas contemporáneas de lengua francesa.
El caso de Orélien plantea preguntas más amplias sobre la ética editorial, la transparencia en el proceso creativo y la necesidad de normas claras para el uso de IA en la literatura. Mientras la comunidad literaria debate si premiar o rechazar obras potencialmente generadas por máquinas, la confianza del público en la autenticidad de los textos queda en entredicho.
Fuente: xataka