El presidente Donald Trump volvió a encender la polémica en una rueda de prensa antes de reunirse con el mandatario ucraniano Volodymyr Zelensky. El mandatario estadounidense manifestó su apoyo a la idea de prohibir las exportaciones de diésel, argumentando que la medida ayudaría a contener el alza de precios que afecta a agricultores y transportistas. La propuesta, que según The Guardian ya ha sido discutida entre sus asesores, surge en medio de crecientes presiones de legisladores republicanos de estados agrícolas, como Iowa, donde el diésel representa un costo esencial para la producción de maíz y soja.
Sin embargo, la comunidad especializada alerta que la medida podría resultar contraproducente. La American Fuel & Petrochemical Manufacturers (AFPM) y el Instituto Americano del Petróleo (API) señalan que un embargo a la exportación no aliviaría la escasez interna, sino que podría reducir la producción de refinerías al no contar con mercados externos para vender el exceso. En un escenario de exceso de oferta sin salida, algunas plantas podrían bajar su ritmo o incluso cerrar, lo que acabaría elevando los precios domésticos en vez de disminuirlos.
Los precios del diésel en EE.UU. y Europa han alcanzado niveles históricos, superando los 6 dólares por galón, impulsados por la interrupción de suministros derivada de los conflictos en Ucrania e Irán. La alta cotización afecta a sectores tan diversos como el transporte, la logística, la construcción y, sobre todo, la agricultura, que es la principal voz que reclama la restricción de exportaciones. La presión de los agricultores se traduce en demandas a los legisladores para que el gobierno actúe y reduzca sus costos operativos.
EE.UU. es el mayor exportador mundial de diésel, y cualquier restricción tendría repercusiones globales. Tras las sanciones a Rusia y las tensiones con China, el mercado ya está bajo presión. La eliminación de la oferta estadounidense podría disparar los precios en América Latina y Europa, regiones que dependen en gran medida del gasóleo americano. Analistas de El País advierten que la escasez provocaría una escalada de costos que impactaría directamente en la inflación de estos países.
A pesar del ruido mediático, la Casa Blanca ha desmentido rumores de un embargo de 90 días, y no hay consenso dentro del Partido Republicano ni entre las principales asociaciones del sector energético. La propuesta parece más una maniobra política de último momento, ya que las elecciones de medio término se aproximan y la popularidad de Trump se encuentra en mínimos históricos. La inflación y el precio del combustible podrían ser armas decisivas en la campaña electoral.
En conclusión, aunque la idea de bloquear las exportaciones de diésel apela a sectores vulnerables, los expertos coinciden en que la medida sería ineficaz y potencialmente dañina para la economía estadounidense y para los mercados internacionales. La solución probablemente requiera una combinación de políticas de incentivos, inversión en infraestructura y acuerdos multilaterales que garanticen la estabilidad del suministro.
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Fuente: xataka