El mundo literario francés se vio sacudido este martes cuando un colectivo poco conocido, Balance ton Claude, acusó al escritor canadiense‑haitiano Thélyson Orélien de haber utilizado inteligencia artificial para redactar su novela C’était ça ou mourir, galardonada con el Premio de Novela Fnac. La obra, que también es finalista de los prestigiosos premios Goncourt y Renaudot, fue señalada como “casi en su totalidad” generada por una máquina, según el mensaje del grupo en la red X. La denuncia se basó en un análisis realizado con el programa Pangram, que, según sus promotores, tendría una tasa de error mínima y detectaría con alta precisión textos creados por IA.
Orélien, de 38 años, rechazó rotundamente las acusaciones. En una entrevista con Libération explicó que siempre ha vivido su pasión por la escritura y que no ve motivo para delegar su obra a una herramienta tecnológica. “Mis tradiciones son haitianas y caribeñas; las imágenes, repeticiones y ritmos son mi voz”, afirmó, añadiendo que está recopilando pruebas junto a su editorial Grasset para demostrar su autoría. La casa editorial, por su parte, calificó la denuncia de “terriblemente perjudicial” y defendió la originalidad y fuerza de la obra.
La novela narra la fuga de un profesor de la violencia de pandillas en Haití, su travesía y eventual llegada a Canadá, donde redescubre “el derecho a respirar sin miedo”. Este relato, descrito por la editorial canadiense como el mayor éxito de ventas en seis décadas, será traducido a unos veinte idiomas, lo que amplifica el alcance del escándalo. La controversia recuerda el caso de Jamir Nazir, autor trinitense cuya obra fue inicialmente despojada del premio Commonwealth por sospechas de IA, aunque posteriormente se restableció tras revisiones.
Expertos en detección de IA advierten que herramientas como Pangram no son infalibles. Los algoritmos analizan patrones estadísticos y probabilísticos, pero pueden confundir estilos humanos con los generados por máquinas, especialmente cuando el texto incluye expresiones regionales o está editado. Estudios indican que estos detectores pueden falsamente catalogar textos humanos como artificiales y, a la inversa, pasar por alto contenido generado por IA que ha sido revisado o reescrito.
El debate se intensifica a medida que la IA se integra en la creación literaria. Algunos autores utilizan la tecnología como apoyo para generar borradores o inspirarse, mientras que otros la emplean para pulir y editar sus escritos. La cuestión central que plantea el caso Orélien es hasta qué punto la colaboración hombre‑máquina es aceptable y cómo deben adaptarse los premios y las instituciones a esta nueva realidad.
Thélyson Orélien nació en 1988 en Gonaïves, Haití, y emigró a Montreal en 2010. Antes de dedicarse a la novela, incursionó en la poesía y el periodismo. Según el autor, el primer borrador de C’était ça ou mourir se completó en 2019, mucho antes de que los generadores de texto basados en IA estuvieran disponibles al público, lo que refuerza su defensa de la autoría genuina.
Mientras la comunidad literaria observa el desarrollo del caso, la polémica subraya la necesidad de establecer normas claras para la detección y el reconocimiento de la creatividad asistida por IA, evitando tanto la censura injusta como la apropiación indebida de tecnología en la escritura.
Fuente: Bbc