Harald Hauglin, ingeniero jefe de metrología de tiempo y frecuencia del Servicio de Metrología de Noruega, encabeza cada año el Jammertest, un festival de hacking que se celebra en la remota isla de Andøya, 300 km al norte del Círculo Polar Ártico. Con su chaleco de alta visibilidad y un parche con un conejo blanco corriendo contra el tiempo, Hauglin lidera a decenas de científicos, ingenieros y funcionarios que intentan anticipar una posible “guerra invisible” contra el sistema global de navegación por satélite (GNSS), la columna vertebral de la sincronización de redes eléctricas, telecomunicaciones, mercados financieros y transporte.
El GNSS, conocido popularmente por el GPS, no solo indica posición, sino que transmite señales horarias de precisión extrema. Esa dependencia crea una vulnerabilidad: las señales satelitales son débiles y pueden ser bloqueadas (jamming) o suplantadas (spoofing) por emisores más potentes. Desde la invasión rusa a Ucrania, los incidentes de interferencia han aumentado, afectando vuelos militares británicos y provocando que la Agencia de Transportes de Suecia describa estos eventos como cotidianos.
En Jammertest, los participantes instalan receptores GNSS en todo tipo de dispositivos –desde relojes y drones hasta aviones y maquinaria industrial– y les envían señales falsas para observar su reacción. Durante la edición 2024, se realizaron pruebas con un helicóptero de rescate noruego y una avioneta de Eurocontrol, cuyas pantallas mostraron trayectorias imposibles, como espirales caóticas, mientras los pilotos mantenían rutas normales. Estas simulaciones revelan cómo un ataque de spoofing sofisticado podría desorientar sistemas críticos sin que los operadores perciban la anomalía.
Los dos tipos de amenaza son el jamming, que corta la señal por completo, y el spoofing, que engaña al receptor con datos de posición y hora falsos. Un jamming prolongado agotaría los sistemas de respaldo y provocaría una cascada de fallas en la infraestructura digital. Un spoofing sostenido, en cambio, podría permanecer oculto, impidiendo la activación de mecanismos de emergencia y desestabilizando redes eléctricas, móviles y de transporte en cuestión de minutos.
Para mitigar estos riesgos, se están desarrollando alternativas como el sistema White Rabbit del CERN, que combina fibra óptica y relojes atómicos para ofrecer sincronización subnanosegundos sin depender de satélites. Sin embargo, expertos como Dana Goward de la Resilient Timing and Navigation Foundation advierten que ninguna solución única reemplazará al GNSS; la resiliencia requerirá una combinación de tecnologías y políticas de protección.
El carácter abierto de Jammertest, con resultados compartidos públicamente y la presencia discreta de servicios de inteligencia noruegos, busca demostrar que el país está preparado para enfrentar posibles ataques rusos desde el espacio. En junio de 2026, satélites rusos emitieron interferencias que perturbó el GPS en toda Europa, confirmando que la amenaza ya no se limita a fronteras terrestres. La preparación en Andøya, por tanto, se vuelve esencial para garantizar que la infraestructura global siga operando pese a la guerra invisible del tiempo.
Fuente: Bbc