Una inteligencia artificial ha logrado lo que muchos expertos consideraban imposible: descifrar el problema 1196 de la lista de conjeturas de Paul Erdős, un rompecabezas que había frustrado a investigadores durante más de una década. El hallazgo llegó el 13 de abril, cuando un joven aficionado británico, Liam Price, ingresó un simple prompt en el modelo GPT‑5.4 Pro de OpenAI y obtuvo una demostración que, tras ser revisada por el matemático Jared Duker Lichtman de Stanford, resultó ser correcta y original.
Lichtman había dedicado siete años a estudiar ese mismo enigma, trabajando en paralelo con otros problemas de Erdős que había usado para su tesis doctoral. Según él, la solución de la IA le tomó apenas una hora de lectura para confirmar su validez, algo que él describió como “muy claro y con una idea muy buena”. La propuesta de Price, que no posee formación universitaria en matemáticas, consistió en formular una pregunta precisa a la IA y luego solicitarle una verificación del razonamiento; el modelo no encontró errores y ofreció una metodología nunca antes considerada en la literatura especializada.
Los problemas de Erdős, más de 1,200 en total, abarcan temas como conjuntos primitivos, números primos y estructuras combinatorias. El caso concreto del problema 1196 indaga cómo crece la “puntuación” de un conjunto primitivo cuando todos sus elementos superan un número X que tiende a infinito. Aunque la definición suena técnica, la esencia es entender patrones de divisibilidad entre números que no se dividen entre sí, una cuestión que ha desafiado a matemáticos desde la década de 1970.
La noticia ha generado revuelo en la comunidad académica porque muestra que la IA ya no solo asiste en cálculos, sino que puede aportar ideas originales. Ya se habían registrado avances menores en otros problemas de Erdős mediante algoritmos, pero este caso destaca por la complejidad y la novedad del método propuesto. Lichtman no percibe la intervención de la IA como una amenaza, sino como una herramienta colaborativa que acelera la búsqueda de respuestas. “Uno simplemente quiere la solución, sin importar cómo se obtenga”, afirmó.
OpenAI, por su parte, ha anunciado una serie de diez nuevos logros en problemas matemáticos de larga data, desarrollados con la ayuda de investigadores humanos que validan y formalizan los resultados generados por sus modelos. La empresa asegura que la IA está empezando a funcionar como un “colega de confianza”, capaz de ofrecer intuiciones que pueden ser refinadas por expertos.
El impacto de este episodio trasciende la matemática pura; plantea preguntas sobre la autoría, la educación y la ética en la investigación científica. Si un algoritmo puede producir pruebas que antes requerían años de estudio, ¿cómo se redefinirán los criterios de mérito y reconocimiento? Por ahora, la comunidad celebra una victoria que podría marcar el inicio de una nueva era de colaboración hombre‑máquina en la resolución de los mayores misterios del conocimiento.
Fuente: Bbc