Los trabajadores de la central hidroeléctrica Upper Trishuli 3B, en el centro de Nepal, vivieron una pesadilla cuando el río Trishuli se desbordó y arrasó su túnel de concreto. Pemba Dundu Tamang, uno de los 30 operarios presentes, recuerda que una súbita ráfaga de viento lanzó tablones y desplazó maquinaria pesada, mientras las casas cercanas ya habían sido arrasadas por la inundación.
“Corrí hacia la entrada del túnel y el agua me perseguía durante veinte minutos”, relató Tamang a la BBC. El agua, a una velocidad impresionante, subía por el túnel y obligó a los obreros a correr cuesta arriba para evitar ser arrastrados. Al final, entre 50 y 60 de los trabajadores lograron escapar, pero muchos quedaron atrapados bajo los escombros.
El desastre, que se sumó a una serie de inundaciones mortales en la semana pasada, ha superado la cifra de 1,000 fallecidos y deja alrededor de 4,000 desaparecidos, según autoridades nepalesas. Gran parte de los desaparecidos son obreros como Tamang, que laboraban en la extensa red de túneles de la zona. El ejército, a través del portavoz Raja Ram Basnet, informó que 119 personas fueron rescatadas el martes y que continúan las labores de búsqueda y de recolección de cadáveres para evitar brotes de enfermedades.
Para Tamang la tragedia es personal: perdió a seis familiares, entre ellos a su madre, hermano mayor, cuñada y tres hijos, que estaban en su casa al borde del río cuando la corriente arrasó la zona. Solo su esposa, un hijo y un sobrino sobrevivieron. “Siento que la vida no tiene sentido ahora. Sobrevivir es una miseria”, confesó, añadiendo que la incertidumbre sobre el futuro de los proyectos hidroeléctricos lo agobia.
Los expertos señalan que la avalancha se desencadenó por la inestabilidad del glaciar de la región, detectada en imágenes satelitales que mostraban un rápido movimiento de la masa de hielo y una filtración de agua de deshielo. Según la Alianza Académica Asiática de Montaña y el Instituto Chino de Peligros y Medio Ambiente, estos indicadores podrían haber servido para activar alertas tempranas, aunque la velocidad del deslizamiento superó la capacidad de respuesta de los sistemas convencionales.
Mientras tanto, equipos de China, India y Nepal emplean excavadoras y maquinaria pesada para remover los escombros y localizar a los posibles sobrevivientes que aún podrían estar atrapados en otras centrales. Tamang, que se refugió en la aldea de Shanti Bazar durante dos días antes de ser evacuado por el ejército, teme que la falta de recursos y de sistemas de alerta adecuados haya costado más vidas de las que ya se contabilizan.
El caso pone de relieve la vulnerabilidad de la infraestructura hidroeléctrica de Nepal, que genera más del 99% de la energía del país. La tragedia plantea preguntas sobre la continuidad de proyectos como Upper Trishuli 3B, cuya inauguración estaba prevista para el próximo año, y sobre la necesidad urgente de mejorar los protocolos de prevención y respuesta ante desastres naturales en la región.
Fuente: Bbc