Según un informe publicado por el periódico mexicano La Jornada, documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos indicarían que, en los meses previos a la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968, la entidad estadounidense habría mantenido contactos estrechos con sectores conservadores del país. Los archivos, que datan de 1967‑1968, muestran intercambios de información y estrategias para contrarrestar la creciente movilización estudiantil y obrera que exigía reformas democráticas y el fin del autoritarismo del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Los investigadores que analizan los documentos afirman que la CIA buscaba evitar que México se convirtiera en un foco de influencia comunista en el contexto de la Guerra Fría. Para ello, habría apoyado a grupos de derecha, incluidos algunos miembros del Ejército y la policía, con entrenamiento táctico y asesoría en técnicas de represión. Los archivos también revelan que se discutió la posibilidad de financiar campañas mediáticas para deslegitimar a los líderes estudiantiles, presentándolos como agentes de subversión extranjera.
Esta supuesta colaboración se inscribe en un patrón más amplio de intervención estadounidense en América Latina durante la década de los sesenta, donde la CIA participó en golpes de Estado y operaciones encubiertas en varios países. En el caso mexicano, la evidencia sugiere que la agencia habría visto en la derecha nacional una aliada estratégica para mantener el statu quo político y económico, favoreciendo los intereses de corporaciones estadounidenses presentes en el país.
Los críticos del gobierno de Luis Echeverría, quien ocupaba la secretaría de Gobernación en aquel entonces, señalan que la falta de transparencia y la represión violenta de la protesta estudiantil fueron facilitadas por esta cooperación. La matanza de Tlatelolco, que dejó un número indeterminado de muertos y desaparecidos, se ha convertido en un símbolo de la brutalidad estatal, pero ahora podría también reflejar la influencia externa de la CIA.
El hallazgo ha reavivado el debate sobre la soberanía mexicana y la necesidad de revisar la historia oficial del movimiento estudiantil. Organizaciones de derechos humanos y académicos exigen la apertura de los archivos y una investigación parlamentaria que esclarezca el alcance de la participación estadounidense. Mientras tanto, el gobierno federal ha declarado que revisará la documentación y tomará las medidas que correspondan.
En conclusión, si bien la evidencia aún está en proceso de verificación, el posible vínculo entre la CIA y la derecha mexicana antes del 68 abre una nueva página en la comprensión de los eventos que marcaron la historia contemporánea del país, poniendo en tela de juicio la narrativa tradicional y resaltando la complejidad de la política internacional de la época.
Fuente: Jornada