El presidente iraní, Masud Pezeshkian, tomó la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas el pasado miércoles 23 de septiembre para calificar de “actos terroristas” las acciones de Estados Unidos e Israel contra Irán. En un discurso cargado de imágenes de bombardeos y víctimas civiles, Pezeshkian sostuvo que su país es la verdadera víctima de una agresión externa que viola el derecho internacional. La intervención marcó la primera vez que un mandatario de un Estado en conflicto armado con EE.UU. habla ante la ONU, según reportes de medios estadounidenses.
Durante su alocución, Pezeshkian recordó la muerte del líder supremo Ali Jamenei, a quien calificó de asesinado por fuerzas estadounidenses e israelíes el 28 de febrero, primer día de la guerra. Para reforzar su argumento, mostró una fotografía del difunto líder y continuó con imágenes de niños muertos en un colegio de Minab y en un polideportivo de Lamerd, víctimas de proyectiles que, según él, provienen de la coalición occidental.
El mandatario también acusó a Washington e Israel de atacar universidades, hospitales y demás infraestructuras civiles, describiendo dichos ataques como violaciones a la ley internacional. Aseguró que Irán solo ha respondido en defensa propia y que la resistencia del pueblo iraní se intensificará ante sanciones, presiones e intimidaciones externas. “Nunca bajaremos la cabeza ni nos arrodillaremos”, afirmó con vehemencia.
En otro punto del discurso, Pezeshkian reiteró la posición de Teherán respecto a su programa nuclear: Irán no persigue armas nucleares y solo busca el uso pacífico de la energía atómica, un argumento que el gobierno ha defendido durante años. Además, advirtió que el estrecho de Ormuz no será permitido como zona de agresión contra su territorio, subrayando la importancia estratégica del paso marítimo.
La reacción de la delegación estadounidense fue inmediata: el único representante presente abandonó la sala tras ser llamado “terrorista” por el presidente iraní. La medida coincidió con las declaraciones del expresidente Donald Trump, quien había calificado a Teherán de terrorista el día anterior y había insinuado la posibilidad de “aniquilar” al país, aunque luego elogió la reanudación de conversaciones diplomáticas entre ambas naciones.
Este episodio evidencia el endurecimiento del discurso diplomático entre Irán y Estados Unidos, y plantea interrogantes sobre el futuro de las negociaciones de paz y la estabilidad en Oriente Medio. Mientras la comunidad internacional observa, la ONU vuelve a ser escenario de tensiones que podrían influir en la política de seguridad global en los próximos meses.
Fuente: Dw