La presidenta Sheinbaum se ha autoproclamado Dueña de la Verdad, y con esto, ha generado una serie de preguntas sobre la corrupción y la transparencia en el gobierno. ¿Es verdad que amigos de Andy López Beltrán han recibido contratos por miles de millones de pesos? ¿Es verdad que esos amigos de Andy aparecen en grabaciones relatando cómo cometieron actos de corrupción?
La presidenta está insaciable, ya es dueña del Poder Legislativo y del Judicial, ya es dueña de la Fiscalía, la UIF y el SAT. Ahora se ha planteado ser dueña de la verdad, aniquilar a los pocos medios de comunicación que no doblan la rodilla ante ella.
La noble idea de “los derechos de las audiencias” se utiliza para implementar medidas que buscan dejar en manos de su administración definir cuándo un periodista miente, y a partir de ahí, perseguir a quienes la cuestionan o documentan la corrupción.
Esto no es algo nuevo, otros regímenes dictatoriales han utilizado tácticas similares para silenciar a sus opositores. En Nicaragua, el dictador Daniel Ortega promulgó la Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, con la que quitó la nacionalidad nicaragüense a 222 opositores, críticos y hasta un obispo.
La pregunta es, ¿qué lugar ocupará la presidenta Sheinbaum en la Historia? ¿Será recordada como una defensora de la verdad o como una dictadora que silenció a sus opositores?
Fuente: Eluniversal