El Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció que instalará sistemas de armas láser en el puerto espacial de Cabo Cañaveral para neutralizar drones no autorizados que se acerquen a sus instalaciones. La medida surge tras detectar alrededor de 500 vuelos de drones en la zona durante 2025, algunos de ellos operados por curiosos turistas y otros sospechosos de espionaje militar. Los cohetes que se encuentran en el puerto transportan enormes tanques de combustible, lo que los convierte en blancos potenciales de ataques que podrían desencadenar explosiones catastróficas.
Hasta ahora, la defensa contra intrusiones aéreas se basaba en inhibidores de radiofrecuencia, pero este método puede interferir con los sistemas de navegación y comunicación de las naves y sus cargas. Los láseres, por el contrario, ofrecen una solución puntual que no afecta la electrónica de los vehículos espaciales, aunque todavía están en fase experimental. Las pruebas realizadas en otras bases militares estadounidenses han mostrado resultados mixtos: en algunos casos los láseres lograron destruir drones de narcotráfico, pero en otros se produjo fuego amigo, como el incidente de febrero de 2026 en Texas, donde un láser derribó un dron de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.
Otro episodio polémico ocurrió en el aeropuerto internacional de El Paso, donde un dron sospechoso resultó ser un globo de fiesta escapado de una celebración infantil. El uso del láser provocó críticas por la falta de precisión del sistema y su vulnerabilidad a errores de identificación. Estas situaciones resaltan la necesidad de afinar los algoritmos de reconocimiento y de establecer protocolos claros para evitar daños colaterales.
Los defensores del proyecto argumentan que los láseres pueden cubrir áreas reducidas con gran rapidez, evitando la destrucción de equipos críticos y reduciendo el riesgo de interferencias electromagnéticas. Sin embargo, la tecnología presenta limitaciones: requiere grandes cantidades de energía, se sobrecalienta tras varios disparos y su efectividad disminuye en condiciones climáticas adversas, como nubes densas o lluvia.
Aún no se ha definido una fecha oficial para la puesta en marcha del sistema en Cabo Cañaveral, y las autoridades mantienen la información bajo reserva. Mientras tanto, la comunidad científica y los grupos de defensa civil siguen vigilando el desarrollo, exigiendo transparencia y evaluaciones de impacto ambiental y de seguridad.
Si el proyecto avanza, podría marcar un precedente en la protección de infraestructuras espaciales, pero también abrirá un debate sobre la militarización del espacio y los riesgos de una defensa basada en armas láser. La expectativa ahora se centra en los próximos ensayos y en la capacidad de los operadores para distinguir entre amenazas reales y objetos inofensivos.
Fuente: xataka