Benjamin Netanyahu, el primer ministro más longevo de Israel, vuelve a la campaña electoral este martes con la meta de lograr un séptimo mandato. A sus 77 años, el líder del Likud se presenta como el “Señor Seguridad”, pero su candidatura se ve empañada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, considerado el mayor fracaso de inteligencia del país. Desde aquel día, Netanyahu ha dirigido una guerra contra Hamás, Hezbolá e Irán, mientras enfrenta un proceso penal por presuntos delitos de corrupción que él califica de persecución política.
Las encuestas indican una contienda cerrada entre la coalición derechista de Netanyahu y una alianza oposicionista encabezada por el ex‑primer ministro Naftali Bennett y el ex‑alto mando militar Gadi Eisenkot. Ambos bloques buscan capitalizar el legado del 7‑octubre, que ha puesto en tela de juicio la capacidad del gobierno para prevenir ataques y ha generado una profunda polarización entre votantes religiosos, de derecha y sectores críticos que demandan rendición de cuentas.
A lo largo de su carrera, Netanyahu ha cultivado una reputación de superviviente político. Tras perder el poder en 1999, regresó en 2009 y ha liderado la coalición más derechista de la historia de Israel. Su popularidad entre los votantes religiosos se sustenta en la ampliación de exenciones al servicio militar para los ultraortodoxos y en una política de asentamientos en Cisjordania que, según la comunidad internacional, viola el derecho internacional. Sin embargo, la sombra del ataque de octubre ha erosionado parte de su base, pues admite cierta responsabilidad por no haber anticipado la ofensiva.
El conflicto en Gaza, que ha cobrado al menos 74,000 muertos según la ONU, ha generado críticas globales y ha alimentado denuncias ante la Corte Penal Internacional. En noviembre de 2024, Netanyahu recibió una orden de arresto, junto a otros líderes mundiales, por supuestos crímenes de guerra. Estas acusaciones, que él rechaza, añaden una capa de complejidad a la campaña electoral.
El juicio por corrupción, iniciado en 2020, sigue sin resolverse. Netanyahu se declara inocente y sostiene que se trata de una “caza de brujas” política. Al mismo tiempo, su gobierno impulsa reformas judiciales que provocan protestas masivas, reflejando una profunda división sobre la identidad democrática del país.
En el plano internacional, la relación con Estados Unidos se mantiene estrecha; el expresidente Donald Trump ha reiterado su apoyo a Netanyahu en redes sociales. Con la mirada del mundo puesta en las urnas israelíes, la elección de este martes se perfila como un referéndum sobre la continuidad de una figura que, para sus seguidores, es garantía de seguridad, y para sus detractores, un riesgo para la estabilidad regional.
Fuente: Bbc