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La bombilla centenaria que desafía la obsolescencia programada

por editor
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En el techo del parque de bomberos número 6 de Livermore, California, cuelga una lámpara incandescente que lleva más de un siglo iluminando sin descanso. Conocida como “Centennial Light”, la bombilla fue instalada en 1901 y recientemente celebró sus 125 años de vida útil, convirtiéndose en el récord Guinness de la lámpara encendida más larga de la historia.

Este curioso artefacto ha sido testigo de innumerables acontecimientos, desde la Primera Guerra Mundial hasta la era digital, y ha sobrevivido a tres cámaras web instaladas para vigilar que no se apagara. Según el cuidador del sitio, las primeras tres webcams fallaron misteriosamente, mientras que la cuarta, instalada en 2023, sigue transmitiendo la tenue luz de la bombilla sin interrupciones.

El secreto de su longevidad radica en una combinación de bajo consumo y diseño peculiar. Aunque originalmente era una lámpara de 60 W, hoy funciona a apenas 4 W, generando solo 0.17 lúmenes. Su filamento, mucho más grueso que el de una bombilla convencional, opera a una temperatura de 1 452 K, muy por debajo de los 2 600 K típicos de los tubos de tungsteno. Esta menor temperatura reduce la evaporación del material y prolonga la vida del filamento.

A lo largo de su historia, la Centennial Light ha experimentado apagones forzados que, paradójicamente, han contribuido a su preservación. En 1937 se apagó durante una remodelación del edificio, en 1976 fue trasladada bajo escolta policial y en 2013 sufrió un corte de energía de casi diez horas. En ninguno de esos casos la falla se debió al propio foco, sino a circunstancias externas.

Los expertos explican que el mayor riesgo para una bombilla incandescente ocurre al encenderla, cuando el filamento frío recibe un pico de corriente que provoca estrés térmico. En el caso de la Centennial Light, el uso de un filamento de carbono con coeficiente de temperatura negativo amortigua ese choque inicial, lo que explica por qué, a diferencia de las lámparas modernas, no se recomienda encender y apagar repetidamente.

Más allá de su valor como curiosidad tecnológica, la bombilla centenaria se ha convertido en un símbolo de la crítica a la obsolescencia programada. Mientras la mayoría de los consumidores reemplaza sus luces cada pocos años, este humilde foco demuestra que la durabilidad es posible cuando se diseñan productos para perdurar, no para ser descartados.

Fuente: xataka

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