Los hospitales estadounidenses están adoptando sistemas de inteligencia artificial para afinar diagnósticos y justificar tratamientos más costosos. Estos algoritmos analizan historiales, notas clínicas y resultados de laboratorio, detectando afecciones secundarias que un médico podría pasar por alto, como anemia post‑operatoria o la necesidad de una cirugía de columna tras meses de fisioterapia. La estrategia permite elevar la gravedad de la admisión y, con ello, la tarifa que paga el seguro.
Sin embargo, las aseguradoras no se quedan de brazos cruzados. Con la misma tecnología, revisan cada reclamación en busca de inconsistencias mínimas que sirvan de excusa para negar el pago. El proceso, ya automatizado, se ha intensificado: UnitedHealthcare rechazó el 22,7 % de las solicitudes de cuidados post‑alta en 2022, y la IA ahora filtra cada detalle para encontrar motivos de denegación.
El resultado es una verdadera guerra de bots. Los hospitales, como el grupo McLaren de Michigan, reportan ingresos adicionales de alrededor de un millón de dólares al mes gracias a la IA que optimiza los códigos de diagnóstico. Por su parte, la agrupación BlueCross estima que entre 2023 y 2025 los diagnósticos complejos generaron un gasto extra de 942 millones de dólares, lo que se tradujo en primas más altas para familias, empleadores y contribuyentes.
Los defensores hospitalarios argumentan que la población envejece y los casos son clínicamente más complejos, por lo que la IA mejora la precisión de la documentación. En un comunicado, la Asociación Americana de Hospitales (AHA) sostuvo que la tecnología ayuda a reflejar la verdadera carga del paciente, evitando sub‑facturación.
Los críticos, sin embargo, advierten que la IA está exacerbando la burocracia y el costo del sistema de salud. Un estudio del Peterson Health Technology Institute señala que ambos bandos invierten en IA porque resulta barato, pero el beneficio recae en el aumento de la facturación y en la mayor cantidad de denegaciones, dejando a los pacientes atrapados en medio del conflicto.
Las proyecciones son alarmantes: la consultora Marsh prevé que el gasto de salud por empleado aumente un 8,2 % en 2027, el mayor salto en más de dos décadas. Expertos como el exfuncionario David Brailer advierten que la IA no cambia la lógica del mercado, solo acelera y magnifica sus incentivos, lo que podría traducirse en una carga insostenible para el sistema sanitario y los usuarios.
Fuente: Xataka