Gibraltar, territorio británico de apenas siete kilómetros cuadrados y 35,000 habitantes, ha decidido ampliar su territorio mediante rellenos marítimos. Desde finales de los años 80 la estrategia consistía en crear suelo donde no había, y el proyecto más emblemático es Eastside, una zona de 15 hectáreas recuperada del Mediterráneo donde se planean 1,300 viviendas, una torre de 25 pisos, un hotel de 200 habitaciones, comercios, oficinas y una marina para megayates. La obra, iniciada en 2005 y revitalizada en 2020 cuando TNG Global Foundation adquirió los derechos, contempla una inversión que supera los cientos de millones de libras y una concesión de 160 años.
El objetivo no es solo construir, sino atraer turismo de alto poder adquisitivo, compitiendo con destinos como Marbella y Sotogrande. Eastside incluirá 500 plazas de estacionamiento, jardines, restaurantes y un paseo marítimo que transformará la antigua línea costera en una nueva fachada urbana. Al mismo tiempo, el gobierno de Gibraltar anunció otro gran relleno, Westside, que agregará 47,000 m² de suelo para 2,300 viviendas protegidas, colegios y espacios para personas mayores, reforzando la política de vivienda del Peñón.
Sin embargo, la expansión se topa con una larga disputa territorial con España. Madrid sostiene que el Tratado de Utrecht de 1713 no cedió las aguas que rodean Gibraltar, por lo que los rellenos se estarían realizando en territorio español. Gibraltar, por su parte, afirma que la obra está dentro de sus aguas territoriales británicas. La controversia se intensificó cuando España incluyó esas aguas en la Zona Especial de Conservación del Estrecho Oriental, parte de la red Natura 2000, calificando los trabajos como violación de soberanía y normativa ambiental.
El conflicto ha llegado a los tribunales: en abril de 2025 la Fiscalía de Algeciras detectó indicios de delitos contra la ordenación del territorio y los recursos naturales, aunque la causa fue archivada y posteriormente recurrida por la Fiscalía de Medio Ambiente. Las protestas diplomáticas de Madrid no han detenido la obra, y el acuerdo post‑Brexit que regula la relación de Gibraltar con la UE tampoco resuelve la disputa sobre los rellenos.
Mientras los gobiernos discuten la soberanía, la obra avanza. Camiones cargados de roca proveniente de canteras de Málaga cruzan la Verja para aportar material, demostrando que la expansión física es más tangible que los debates legales. La estrategia de Gibraltar muestra cómo un territorio sin espacio disponible recurre a la ingeniería costera para satisfacer sus necesidades de vivienda y desarrollo económico.
El futuro de Eastside y Westside seguirá siendo un punto de fricción entre Reino Unido y España, pero también un ejemplo de cómo pequeños enclaves pueden redefinir su paisaje mediante la creación de nuevo territorio, aun bajo la sombra de controversias internacionales y medioambientales.
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Fuente: xataka