Un Boeing 747‑245F pintado de fucsia, blanco y dorado lleva aparcado en la pista del aeropuerto de Manises, en Valencia, desde 2008. La aeronave pertenecía a Pronair, la aerolínea creada por Isidoro Romero, empresario de Yecla que intentó lanzar un negocio de carga aérea en plena bonanza precrisis. Tras la caída de la economía y la quiebra de la compañía, el avión quedó varado y, casi dos décadas después, Aena ha iniciado los trámites para retirarlo mediante subasta pública.
Según confirmó Aena, la nave permanece en el aeropuerto “a la espera de que se realicen los trámites para subastarlo”. El propietario, Romero, no ha saldado la deuda que dejó Pronair y, pese a los intentos de la empresa gestora, no ha respondido a las notificaciones. Por ello, la autoridad aeroportuaria recurrió a la Ley de Navegación Aérea española y, en 2024, el Boletín Oficial del Estado publicó tres edictos que declaran legalmente abandonada la aeronave tras un año sin reclamación.
La subasta aún no tiene fecha ni precio de salida definidos; forma parte de un procedimiento administrativo en curso. Aena ha intentado vender el avión en al menos dos oportunidades previas, una con un precio base superior a dos millones de euros, pero la falta de respuesta del propietario paralizó el proceso. En 2019 la nave apareció en una subasta interna de Manises que no llegó a concretarse, y en 2021 un interesado anónimo solicitó su retirada de una venta que incluía otros 23 aviones.
Romero había amasado su fortuna vendiendo una empresa constructora antes de la crisis inmobiliaria y, en 2006, compró dos McDonnell Douglas MD‑87 para iniciar Pronair. Un año después amplió la flota con dos 747 de carga, con rutas a China y otros destinos. La crisis de 2008, el encarecimiento del combustible y la acumulación de deudas hundieron rápidamente la aerolínea, dejando los aviones inmovilizados y eventualmente embargados.
La normativa española permite que, antes de la subasta, instituciones educativas, culturales o sin ánimo de lucro vinculadas a la aviación soliciten la adquisición del avión, siempre que cuenten con el visto bueno de la autoridad de Aviación Civil. Si nadie se presenta, la aeronave pasará a subasta pública, aunque su valor real está muy por debajo de los dos millones que se estimaron en 2013, dado el deterioro acumulado por los años de inactividad.
El caso del 747 de Pronair se ha convertido en un símbolo del auge y el colapso económico de España antes y después de la crisis de 2008. Su destino final, ya sea en manos de una entidad educativa o en una subasta, marcará el cierre de una etapa que comenzó con grandes expectativas y terminó como un vestigio abandonado en la pista valenciana.
Fuente: Xataka