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Finlandia redefine la biblioteca: más que libros, un centro de bienestar social

por editor
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En una helada mañana de enero, alrededor de veinte personas se agolpan frente a Oodi, la biblioteca central de Helsinki, esperando que se abran sus puertas. “Me emocionan las lágrimas al ver a la gente entrar corriendo a las 8:00 y dirigirse a sus rincones favoritos”, comenta Katri Vänttinen, directora de servicios bibliotecarios de la capital. Esa escena muestra que la biblioteca ya no es solo un depósito de libros, sino un espacio propio del público.

Al mediodía el edificio rebosa de visitantes que buscan asientos libres entre sus amplios ventanales con vista al Parlamento. Estudiantes con portátiles, padres que leen a sus bebés y niños jugando en zonas coloridas conviven en un mismo ambiente. Pequeños grupos se reúnen para tejer calcetines, otros graban piezas de saxofón en cabinas de música, y una señora mayor imparte clases de finlandés a extranjeras en la cafetería. Incluso un adolescente recoge una pelota de baloncesto prestada y se dirige a la cancha adyacente.

Oodi fue elegida la mejor biblioteca de nueva construcción del mundo en 2019 y contrasta con la tendencia de cierre de bibliotecas en EE. UU. y Reino Unido. Mientras en Estados Unidos se clausuraron 766 bibliotecas entre 2008 y 2019, Finlandia sigue ampliando su red, que supera los 700 centros para 5.6 millones de habitantes. Allí se pueden pedir prestados desde podcasts y impresoras 3D hasta raquetas de tenis y pases para piscinas.

El modelo finlandés se basa en un pragmatismo heredado del pasado rural, cuando la comunidad compartía maquinaria agrícola. Hoy, un ciudadano que necesita una máquina de coser una vez al año prefiere usarla gratis en la biblioteca, financiada con fondos públicos. Este enfoque ha generado que el 55 % de los finlandeses visite una biblioteca al menos una vez al mes, con un promedio de 9.1 visitas al año, cifras que superan ampliamente a las de Reino Unido y EE. UU.

Más allá de los objetos, las bibliotecas finlandesas son pilares de la democracia. Profesores, desempleados y personas sin hogar comparten el mismo espacio, facilitando el acceso al conocimiento y al debate público sin importar ingresos. La Ley de Bibliotecas obliga a promover la libertad de expresión y la ciudadanía activa, respaldada por un gasto de casi 430 millones de dólares en 2025, equivalente a 76 USD por habitante.

Estudios internacionales demuestran que cada dólar invertido en bibliotecas devuelve entre 3 y 5 dólares en beneficios sociales, como ahorro en compras, apoyo al empleo y mayor alfabetización digital. En Finlandia, la confianza en bibliotecarios sigue siendo alta, convirtiéndolos en uno de los pocos lugares donde la gente puede estar sin la presión de consumir. Así, las bibliotecas se consolidan como infraestructura esencial para la inclusión y la cohesión social.

Fuente: Bbc

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