El verano de 2025 ha sido histórico para la industria cinematográfica. “La Odisea”, la película IMAX de Christopher Nolan, rompió récords al superar los 1,100 millones de dólares en la taquilla mundial, mientras que “Spider‑Man: Brand New Day” alcanzó los 2,000 millones, ubicándose entre las ocho más taquilleras de la historia. Estos dos títulos concentran la mayor parte de los ingresos y demuestran que el público sigue acudiendo a los cines cuando una película se convierte en un evento.
Sin embargo, detrás de esta fachada de bonanza se esconde una tendencia preocupante: la taquilla está cada vez más polarizada. Mientras los blockbusters atraen a millones, la gran mayoría de los estrenos apenas logran cifras modestas. En Europa, las 20 películas más vistas en 2025 concentraron el 35% de la asistencia, frente al 20% de 2019, y 16 de esas 20 eran franquicias estadounidenses. El número de filmes que superaron el millón de espectadores cayó un 28% en el mismo periodo.
Esta concentración no solo afecta a Hollywood. En España, por ejemplo, la saga de Santiago Segura sigue movilizando a grandes audiencias, pero el número de películas locales que superaron los cuatro millones de euros de recaudación se redujo de cinco en 2024 a solo dos en 2025. El mercado nacional muestra una fuerte dependencia de unos pocos éxitos, mientras que la producción de rango medio desaparece progresivamente.
El problema radica en la lógica comercial que ahora basta con que unas cuantas películas generen ingresos extraordinarios para sostener al sector. Los formatos premium como IMAX o 3D permiten cobrar más por entrada, compensando la menor asistencia general. En EE. UU. la asistencia a salas es un 27% menor que en 2019, pero los precios promedio de los boletos siguen subiendo, lo que mantiene los ingresos totales en niveles altos.
Ejemplos recientes ilustran la brecha. “Materialistas”, dirigida por Celine Song, recaudó 108 millones de dólares, una cifra respetable pero insuficiente para competir con los gigantes. Por otro lado, “Confidencial”, con un presupuesto de 50 millones, apenas alcanzó 44 millones, evidenciando la dificultad de atraer al público sin la etiqueta de “evento”.
Los analistas coinciden en que la industria necesita revitalizar la franja media del mercado. Sin películas de rango medio que mantengan el flujo constante de espectadores, los cines dependerán cada vez más de unos pocos blockbusters, lo que aumenta su vulnerabilidad ante cualquier fracaso de gran escala. La pregunta que queda es: ¿cómo lograr que el público vuelva a valorar las propuestas que no vienen acompañadas de franquicias o presupuestos descomunales?
Fuente: Xataka