El presidente turco Recep Tayyip Erdogan anunció que pretende presentarse a un nuevo mandato mediante la convocatoria de elecciones anticipadas el 16 de abril de 2028. La estrategia le permitiría eludir el límite constitucional que impide que un presidente ejerza más de dos periodos consecutivos si las votaciones se realizan en mayo, como estaba previsto inicialmente. Con esta maniobra, Erdogan buscaría extender su liderazgo, que ya supera dos décadas desde que asumió la jefatura del gobierno en 2003.
Según declaró Mehmet Uçum, asesor jurídico de Erdogan, la Constitución turca faculta al Parlamento a convocar elecciones anticipadas siempre que cuente con el respaldo de al menos 360 de los 600 diputados. De obtener ese apoyo, el proceso electoral se celebraría el 16 de abril de 2028, fecha que daría al presidente la oportunidad de postularse nuevamente sin infringir la norma vigente.
En la actualidad, el partido gobernante AKP y su aliado nacionalista MHP controlan 326 escaños en la Asamblea. Aunque no alcanzan por sí solos la mayoría requerida, los analistas políticos señalan que Erdogan podría contar con el voto de diputados de otros partidos menores o impulsar una reforma constitucional que modifique el límite de mandatos. La posibilidad de un pacto interpartidista o una enmienda al texto constitucional ha generado intensos debates en Estambul y Ankara.
Erdogan ha sido reelegido en 2018 y 2023 bajo el nuevo sistema presidencial que consolidó su poder tras la caída del cargo de primer ministro en 2014. Su permanencia en el poder ha sido objeto de críticas tanto internas como internacionales, acusaciones de autoritarismo y de erosionar la independencia judicial. Sin embargo, sus seguidores destacan la estabilidad económica y la política exterior firme que, según ellos, han fortalecido la posición de Turquía en la región.
La convocatoria de elecciones anticipadas también tiene implicaciones para la oposición, que deberá reorganizarse rápidamente para presentar candidatos competitivos. Partidos como el CHP (Partido Republicano del Pueblo) y el HDP (Partido del Pueblo Democrático) podrían buscar alianzas estratégicas para contrarrestar la ventaja del bloque gobernante. La presión sobre los medios y la sociedad civil aumentará, pues la campaña electoral se desarrollará en un contexto de polarización creciente.
En resumen, la jugada de Erdogan representa un intento de consolidar su legado político y de sortear los límites constitucionales mediante una maniobra parlamentaria. El desenlace dependerá de la capacidad del gobierno para asegurar los votos necesarios y de la respuesta de la oposición y la comunidad internacional ante una posible prolongación del mandato del líder turco.
Si la iniciativa prospera, Turquía se enfrentará a una nueva etapa bajo la dirección de un presidente que ha marcado la agenda nacional e internacional durante más de veinte años, lo que plantea interrogantes sobre la evolución democrática del país.
Fuente: Dw