Mike, aficionado a la historia de la computación, decidió ir más allá de las réplicas de Bletchley Park y crear una máquina nueva usando tecnología de los años 50. Su proyecto, The Tube Computer MK3, es el tercer ordenador que construye con válvulas de vacío y, a diferencia de los modelos de museo, funciona como un sistema de propósito general de 8 bits. Para ello reutilizó 460 válvulas 6N3P de doble triodo, fabricadas en la Europa del Este de la época, lo que equivale a 920 triodos que forman puertas NOR, el bloque básico de la lógica digital.
Con esas puertas NOR Mike ensambló registros, contadores, reloj, una pequeña RAM de válvulas y una unidad aritmético‑lógica (ALU) de 8 bits. La arquitectura soporta solo 16 instrucciones, ejecutadas secuencialmente en seis fases de búsqueda antes de la fase de ejecución. Cada componente está montado en 46 módulos de diez unidades, conectados por cinco backplanes y distribuidos sobre un panel de 190 × 130 cm que pesa alrededor de 20 kg, lo que obliga a fijar la máquina a la pared.
El arranque no es instantáneo: el sistema necesita unos 15 minutos para alcanzar la temperatura adecuada y estabilizarse térmicamente. Además, cada válvula tiene una vida útil variable (entre 500 y 5 000 horas), por lo que el mantenimiento es constante. Aun con esas limitaciones, el ordenador realiza operaciones más complejas que simples destellos de luz. Gracias a un registro de acarreo, la instrucción ADDC permite encadenar cálculos de 16, 32, 64 e incluso 128 bits, aunque la velocidad es tan lenta que ejecutar un programa de 32 bits deja tiempo suficiente para preparar una taza de té.
Mike también está desarrollando un simulador del dirigible británico R80, uno de los primeros programas que demostrará las capacidades del MK3. Este esfuerzo no busca competir con la informática moderna; su objetivo es mostrar, de forma tangible, los procesos que hoy ocurren dentro de un chip invisible. Al exponer puertas NOR, registros y cables, el proyecto devuelve al público la visión de cómo se construye y opera un ordenador a nivel físico.
Desde la perspectiva de 2026, el The Tube Computer MK3 resulta poco práctico: ocupa una pared, necesita calentarse y su mantenimiento es laborioso. Sin embargo, su valor radica en la educación y la nostalgia tecnológica, recordándonos que la revolución digital comenzó con tubos de vacío y que, aun hoy, es posible revivir esa era con ingenio y pasión.
Fuente: xataka