Estados Unidos lanzó el domingo 30 de agosto un bombardeo contra objetivos militares en la isla de Larak, situada en el estrecho de Ormuz, según informó la Guardia Revolucionaria Islámica. El comunicado iraní afirmó que los ataques dejaron muertos y heridos, y advirtió que habrá represalias por lo que calificó de “agresión terrorista”. El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta, conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico y transporta cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
El portavoz del Comando Central (Centcom), Tim Hawkins, explicó que a primera hora del día dos drones estadounidenses atacaron dos lanzadores de cohetes iraníes instalados en Larak. Según la defensa estadounidense, los blancos eran plataformas que podrían haber sido usadas para lanzar minas navales contra la navegación en Ormuz. Hawkins aseguró que el objetivo era neutralizar cualquier amenaza que impidiera la libre circulación de los buques comerciales en la zona.
Irán, a través de sus agencias de información Fars y Tasnim, confirmó los bombardeos y reiteró que los Guardianes de la Revolución estaban preparados para responder. Un portavoz de la Guardia Revolucionaria declaró que los ataques causaron víctimas mortales y heridos, y prometió que la agresión será “castigada”. La tensión se produce después de semanas de relativa calma, durante las cuales la administración Trump había priorizado la presión económica sobre la confrontación militar directa.
El presidente Donald Trump, en una declaración previa, había afirmado que el Centcom había completado el desminado de las rutas marítimas en Ormuz y había advertido que cualquier embarcación que colocara dispositivos explosivos sería destruida de manera sistemática. Estas declaraciones subrayan la política de “libertad de navegación” que Washington mantiene en la región, pese a los constantes intentos de Teherán de bloquear el paso con ataques esporádicos.
El conflicto entre EE.UU. e Irán se remonta al 28 de febrero, cuando ambos países, junto a Israel, iniciaron una serie de ataques conjuntos contra instalaciones iraníes. Un alto al fuego en abril detuvo temporalmente los bombardeos, y en junio se firmó un protocolo de paz que, sin embargo, no ha puesto fin a las hostilidades en el estrecho.
Las repercusiones de este nuevo bombardeo podrían escalar rápidamente, pues tanto Washington como Teherán han dejado claro que cualquier escalada militar será respondida con fuerza. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de una interrupción prolongada del flujo de hidrocarburos, lo que tendría consecuencias económicas globales.
Fuente: Dw