La oposición de centro‑izquierda liderada por la primera ministra saliente Magdalena Andersson obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones generales de Suecia, celebradas el domingo 13 de septiembre de 2026. Según el sondeo a boca de urna publicado por la televisión pública SVT, la alianza de partidos de izquierda alcanzó el 51,3 % del electorado, mientras que el bloque gobernante del primer ministro conservador Ulf Kristersson quedó en el 46,8 %. Estos resultados, todavía sujetos a escrutinio oficial, ya indican un cambio de gobierno tras ocho años de gestión conservadora.
El Partido Socialdemócrata se posicionó como la fuerza más votada, con un 28,4 % del total, seguido por el Partido Conservador (18,1 %) y los ultraderechistas Demócratas de Suecia (SD) con 17,2 %. Aunque los socialdemócratas perdieron casi dos puntos porcentuales respecto a las elecciones de 2022, la suma de los cuatro partidos de la oposición de izquierda supera la mitad del voto popular, lo que les permite formar una mayoría parlamentaria sin necesidad de alianzas con la extrema derecha. La caída del SD implica que perderá su estatus de segunda fuerza, recuperado por los conservadores, aunque estos ya no podrán mantenerse en el poder.
En el cuarto lugar quedó el Partido de Izquierda con 8 % de los votos, seguido de cerca por el Partido de Centro (7,5 %) y el Partido del Medio Ambiente (7,4 %). La distribución de la votación muestra una fragmentación del bloque de derecha, mientras que la coalición de izquierda se consolida con la participación de varios partidos menores que comparten una agenda de bienestar social y sostenibilidad.
Los socialdemócratas, que han gobernado Suecia durante gran parte del siglo XX, prometen reforzar el Estado de bienestar y aliviar la presión sobre los hogares ante el aumento del costo de vida. Durante la campaña, Andersson criticó la intención del actual gobierno de aliarse con la extrema derecha para formar una mayoría, y afirmó que su administración trabajará con cualquier partido excepto con el SD. Esta postura busca aislar a la ultraderecha y presentar una alternativa centrada en la inclusión y la protección social.
El resultado electoral tiene implicaciones importantes para la política europea. Suecia, miembro de la Unión Europea, podría volver a adoptar una postura más progresista en temas como cambio climático, migración y derechos laborales. Además, la victoria socialdemócrata podría influir en la dinámica del bloque nórdico, donde Finlandia y Dinamarca también están considerando alianzas de centro‑izquierda.
Mientras se esperan los resultados definitivos del escrutinio, los analistas internacionales señalan que la transición de poder será pacífica y que el nuevo gobierno tendrá que negociar con partidos centristas para aprobar su programa. La prioridad será estabilizar la economía, que enfrenta inflación y retos en el mercado laboral, y reforzar la confianza en las instituciones públicas.
En síntesis, la victoria de Andersson marca el regreso de los socialdemócratas al poder, con la promesa de un Estado más solidario y la exclusión de la ultraderecha del proceso de gobierno, un escenario que podría redefinir la política interior y exterior de Suecia en los próximos años.
Fuente: Dw