Inicio GeneralBuzo salvó la catedral de Winchester colocando 25 mil sacos de hormigón bajo el agua

Buzo salvó la catedral de Winchester colocando 25 mil sacos de hormigón bajo el agua

por editor
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La catedral de Winchester, una de las más antiguas de Inglaterra, comenzó a hundirse a principios del siglo XX. Construida sobre turba y sedimentos saturados, la estructura mostraba grietas y asentamientos que amenazaban su colapso. Los ingenieros Thomas Graham Jackson y Francis Fox diagnosticaron que los cimientos descansaban a seis metros bajo un nivel de agua inestable, lo que imposibilitaba los métodos tradicionales de excavación y refuerzo.

En 1906, Fox propuso una solución inesperada: enviar a un buzo para trabajar directamente bajo el agua. William Walker, buzo profesional con experiencia en obras portuarias, aceptó la misión. Equipado con traje pesado y escafandra alimentada desde la superficie, descendía a pozos oscuros donde el barro impedía ver. Allí retiraba madera podrida y turba, y colocaba a mano sacos de hormigón hidráulico, guiándose únicamente por el tacto.

Walker trabajó en turnos de cuatro horas, sumergido unas seis horas al día, durante cinco años y medio. En total colocó cerca de 25.800 sacos, uno por uno, en 235 excavaciones. Cada saco formaba una base sólida que, al endurecerse bajo el agua, permitió transferir el peso de los muros a estratos más firmes. La operación fue minuciosa: antes de colocar los sacos, el buzo debía limpiar el fondo hasta alcanzar un nivel resistente, evitando que el bombeo de agua alterara la estabilidad del terreno.

Una vez terminada la capa de hormigón, los obreros pudieron bombear el agua con seguridad y continuar con la restauración. En total participaron unos 150 trabajadores, que añadieron 114.900 bloques de hormigón y casi un millón de ladrillos. La intervención detuvo el deterioro y salvó la catedral, que sigue en pie más de un siglo después.

El heroísmo de Walker no pasó desapercibido. El rey Jorge V lo nombró miembro de la Real Orden Victoriana, y una estatua con su equipo de buceo se erige hoy dentro del recinto. Su vida terminó en 1918, víctima de la gripe española, pero su legado perdura como ejemplo de ingenio y valentía frente a desafíos estructurales.

La historia de la catedral de Winchester ilustra cómo la combinación de ingeniería y audacia humana puede resolver problemas que, a primera vista, parecen imposibles. El trabajo subacuático de Walker sigue siendo un referente en la conservación de monumentos históricos, recordándonos que, a veces, la solución más eficaz se encuentra bajo la superficie.

Fuente: Xataka

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