Los bancos centrales de las mayores economías del mundo están alarmados ante la posible “dominancia fiscal”, un escenario en el que la política monetaria deje de enfocarse en controlar la inflación y pase a servir como herramienta para aliviar la carga de la deuda pública. Según el análisis de Axios, la creciente presión política para evitar decisiones impopulares, como subir impuestos o recortar prestaciones, está empujando a los gobiernos a buscar apoyo en los bancos centrales. En este contexto, los mandatarios podrían intentar forzar tipos de interés bajos o incluso solicitar financiamiento directo, lo que comprometería la independencia de las autoridades monetarias.
El tema fue central en el simposio anual de bancos centrales de Jackson Hole, Wyoming, donde la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que la misión primordial de estos organismos es mantener la inflación bajo control, no actuar como rescate fiscal. Las señales de alerta ya se perciben en varios países: en Japón, el gobierno de Sanae Takaichi presiona al Banco de Japón para que mantenga los tipos a pesar del repunte inflacionario, mientras que el Ministerio de Finanzas colabora con EE. UU. en intervenciones cambiarias para fortalecer el yen.
En Francia, el líder de La France insoumise, Jean‑Luc Mélenchon, propone cancelar la parte de la deuda pública francesa que está en manos del Banco Central Europeo, una medida que busca aliviar la presión fiscal pero que podría erosionar la credibilidad del BCE. Por su parte, en Estados Unidos, el expresidente Donald Trump sigue exigiendo tipos de interés más bajos y ha intentado destituir a una gobernadora de la Reserva Federal, mientras el Tesoro interviene en el mercado de bonos para contener los costos de financiación a largo plazo.
Hasta ahora, los marcos legales que protegen la independencia de los bancos centrales han limitado el éxito de estos intentos. Sin embargo, el nivel de deuda pública, que en EE. UU. supera los 40 billones de dólares, crea un entorno de vulnerabilidad. El economista Adam Posen, del Peterson Institute, advierte que si los legisladores empiezan a ver a los bancos centrales como una fuente de dinero, la política monetaria quedará subordinada a necesidades fiscales, un riesgo que califica como “peligroso” en condiciones normales.
La deuda creciente no solo encarece el servicio de la deuda, sino que también restringe el margen de maniobra de los bancos centrales. Para romper este círculo, los gobiernos tendrían que reducir drásticamente el gasto en defensa y programas sociales o aumentar los impuestos, opciones que son políticamente impopulares y difíciles de implementar. La falta de consenso sobre estas medidas profundiza la incertidumbre en los mercados financieros.
En resumen, la posible dominancia fiscal representa un desafío estructural para la independencia de los bancos centrales. La presión política, el elevado endeudamiento y la falta de soluciones fiscales viables podrían forzar a las autoridades monetarias a actuar fuera de su mandato tradicional, lo que tendría consecuencias significativas para la estabilidad macroeconómica global.
Fuente: RT Español