Los canadienses de la provincia de Alberta votaron este martes a favor de permanecer dentro de la Confederación, descartando por amplio margen la opción de iniciar un proceso independentista. Según los datos preliminares de la CBC, con más de un millón de sufragios contabilizados —aproximadamente un tercio del total— el 76% apoyó la permanencia, mientras que solo el 23% se mostró a favor de la separación. Este resultado representa un fuerte revés para los sectores que impulsaban la secesión y un respaldo al gobierno federal liderado por el primer ministro Mark Carney, quien elogió la decisión como una muestra de unidad nacional.
La pregunta sobre la independencia formaba parte de un paquete de diez referéndums que los electores debían responder. Los otros ocho temas abordaban inmigración, salud y educación, pero fueron opacados por el intenso debate sobre la posible ruptura. Durante décadas, una parte de la población alberquina, conservadora y dependiente del petróleo, ha sentido que Ottawa la trata como una mera fuente de recursos, sin considerar sus intereses políticos y económicos. Sin embargo, la idea de separarse quedó en la sombra hasta la reelección de Justin Trudeau en 2019, cuando surgieron asambleas ciudadanas que reivindicaban la autodeterminación.
El descontento se agudizó con la gestión de la pandemia de COVID‑19 y las medidas de vacunación obligatoria, percibidas por algunos como una extralimitación del poder federal. Estas tensiones dieron pie a que el Partido Conservador Unido, encabezado por la primera ministra provincial Danielle Smith, incorporara la agenda separatista a su discurso. Smith celebró los resultados preliminares, calificándolos de “apoyo generalizado” a una Alberta más fuerte dentro de un Canadá unido.
Los partidarios de la secesión argumentan que las políticas medioambientales de Ottawa frenan el crecimiento económico de la provincia, que posee una de las mayores reservas petroleras del mundo. Un informe encargado por el gobierno provincial estima que los costos de una separación podrían oscilar entre 50,000 y 170,000 millones de dólares canadienses en los primeros cinco años, además de los desafíos de crear instituciones propias, negociar activos federales y definir una nueva constitución.
Alberta aporta al país el mayor PIB per cápita y genera miles de millones en ingresos fiscales, sin recibir compensaciones de las provincias menos ricas desde 1965. La decisión de permanecer en Canadá mantiene, por ahora, la estabilidad económica y política de la región, aunque el debate sobre la autonomía provincial sigue latente y podría resurgir en futuros ciclos electorales.
En palabras del primer ministro Carney, “los habitantes de Alberta tomaron una decisión clara: construir juntos un futuro mejor y cuidar unos de otros”. La provincia ahora se enfrenta al reto de traducir ese voto de unidad en políticas que atiendan sus demandas de desarrollo económico y reconocimiento dentro del marco federal.
Fuente: Bbc