El sábado pasado la capital mexicana se vistió de vivos colores para la décima edición del Gran Desfile del Día de Muertos, un espectáculo que atrajo a 1.6 millones de espectadores entre locales y turistas. El recorrido comenzó a las 14:00 en la glorieta Diana Cazadora, sobre el Paseo de la Reforma, y concluyó en el Zócalo, donde una Catrina monumental de 33 metros de altura se erigió como escenario principal. Con una combinación de esqueletos gigantes, carrozas decoradas con flores de cempasúchil y miles de artistas enmascarados, la marcha transformó las avenidas en una fiesta de carnaval que recordó la tradición ancestral pero con un toque contemporáneo.
La iniciativa, que nació hace diez años inspirado en una escena de la película “Spectre” de James Bond, ha crecido hasta reunir a 4,000 artistas y a 40,000 participantes en el desfile. Entre los homenajes destacados estuvieron los dedicados al cantante Juan Gabriel y al cineasta Emilio “Indio” Fernández, cuyas carrozas conmemoraron los aniversarios de sus fallecimientos. Los organizadores resaltaron que el evento no solo celebra la muerte, sino que también honra la cultura popular mexicana y sus íconos más queridos.
El impacto económico de la celebración también fue notable. Según estimaciones, el Día de Muertos generará alrededor de 53,000 millones de pesos en la ciudad, un aumento del 7 % respecto al año anterior. Los vendedores ambulantes, artesanos y maquilladores de calaveras se beneficiaron de la masiva afluencia; por ejemplo, Angie Covarrubias cobró 11 dólares por transformar rostros en coloridas calaveras, una de las atracciones más demandadas por los visitantes internacionales.
Los turistas expresaron su asombro ante la magnitud del evento. Naomi Tomi, una joven japonesa, comentó que había viajado especialmente para vivir la experiencia después de ver la película “Coco”. Otros visitantes, como la estadounidense Isabel Halsey, describieron el desfile como “colorido, oloroso y dramático”, resaltando la mezcla de nacionalidades y personalidades que poblaron la marcha.
Expertos académicos advierten que la celebración ha pasado de ser una fiesta íntima a un espectáculo masivo orientado al turismo. Roberto Montalvo, de la Universidad Iberoamericana, señaló que la tradición se adapta para atraer a extranjeros, mientras que Heidi Meza recordó que la esencia del Día de Muertos sigue viva en lugares como Michoacán, donde la costumbre permanece más arraigada.
A pesar de la transformación, la esencia de la festividad persiste: honrar a los difuntos con altares, ofrendas y recuerdos. El desfile, aunque espectacular, sigue siendo una extensión pública de esa tradición familiar, demostrando que la cultura mexicana puede combinar respeto y celebración en un mismo escenario.
Fuente: Dw