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El enigmático laberinto subterráneo de Liverpool: filantropía o locura de un millonario

por editor
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Joseph Williamson, empresario nacido en Yorkshire en 1769, llegó a Liverpool a los once años para trabajar en el negocio tabaquero de Richard Tate. Tras casarse con su hija Elizabeth y asumir la empresa en 1803, acumuló una fortuna que le permitió comprar extensas parcelas en Edge Hill, una zona todavía escasamente urbanizada. Lo que comenzó como un proyecto de viviendas pronto tomó un giro inesperado: durante 34 años, hasta su muerte en 1840, Williamson mantuvo a cientos de obreros excavando túneles, cámaras y pasillos bajo la arenisca de la zona, sin dejar planos ni explicar el objetivo final.

El resultado es una red subterránea de aproximadamente 2,6 km², con galerías que alcanzan entre 18 y 27 metros de profundidad y estructuras imponentes como el “Banqueting Hall”, una sala abovedada de 20 metros de largo y más de ocho de altura. Estas obras, realizadas a mano en la primera mitad del siglo XIX, permanecieron ocultas bajo capas de escombros, viviendas y fábricas, y fueron prácticamente olvidadas hasta que, en la década de 1920, el historiador Charles Hand despertó el interés académico sobre el tema.

A lo largo de los años surgieron múltiples teorías para explicar el misterio: contrabando, refugio apocalíptico, recuperación de canteras o simples extravagancias del excéntrico propietario. Sin embargo, tras tres décadas de excavaciones y análisis por parte de la Joseph Williamson Society y el Williamson Tunnels Heritage Centre, la hipótesis más convincente es la filantropía. En una Liverpool en plena expansión portuaria, la mecanización desplazaba a artesanos y el regreso de soldados tras las guerras napoleónicas generaba desempleo. Williamson habría utilizado su riqueza para mantener a cientos de hombres ocupados, ofreciéndoles salarios y entrenamiento en oficios de la construcción.

Los hallazgos respaldan esta visión: entre los escombros se hallaron objetos cotidianos —tinteros escolares, botellas de cerveza, juguetes— que no tenían ninguna función estructural, y se descubrieron galerías excavadas solo para ser rellenadas posteriormente, lo que sugiere un trabajo sin propósito práctico más allá de generar empleo. Incluso registros de bautismos cercanos revelan familias que nombraron a sus hijos “Joseph Williamson” como muestra de agradecimiento.

Si bien la teoría filantrópica aún carece de documentación escrita que la confirme, la magnitud y aparente inutilidad de muchas excavaciones apuntan a un proyecto de asistencia social sin precedentes en la época. El laberinto, hoy abierto al público, sigue revelando objetos y espacios que testifican la intención de Williamson de mantener a la mano de obra ocupada durante décadas.

Casi dos siglos después, los voluntarios continúan excavando, descubriendo nuevas galerías y consolidando la imagen de Williamson no solo como un excéntrico constructor, sino como un visionario que, a través de la obra infinita bajo Edge Hill, buscó aliviar la precariedad laboral de su tiempo.

https://www.youtube.com/watch?v=u4tfZZJxbW4

Fuente: xataka

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