El 7 de julio de 1922 Marie Curie dirigió a Albert Einstein una carta que, bajo la cortesía de la época, contenía una clara reprimenda. En ella la científica francesa le acusó de haberle causado una “gran decepción” tras la dimisión de Einstein de la comisión de cooperación intelectual de la Sociedad de Naciones. La causa de su descontento fue la muerte del ministro de Exteriores de Weimar, Walther Rathenau, amigo cercano de Einstein, que había minado su ánimo y motivado su decisión.
Durante veintiún años, Curie y Einstein intercambiaron un total de 32 misivas que, sorprendentemente, rara vez abordaron temas científicos. Sus cartas servían más bien como una red de protección mutua frente a la presión pública y a los ataques personales. El proceso de recopilación de esta correspondencia ha sido arduo: investigadores rastrearon archivos en Jerusalén, París, Zúrich, Princeton, Düsseldorf y Varsovia, y tuvieron que descontaminar documentos que aún guardaban trazas de radioactividad.
El origen de su vínculo se remonta al primer Consejo Solvay de 1911, donde Curie, única mujer presente, y el joven Einstein compartieron una mesa. La prensa, sin embargo, se centró en el escándalo amoroso que rodeaba a Curie y al físico Paul Langevin, lo que provocó una oleada de críticas que llegaron a sugerirle a Curie que no aceptara su segundo Nobel. Einstein, entonces en Praga, le escribió una carta defendiendo su derecho a recibir el galardón y condenando la intromisión de la “chusma”.
A pesar de la cercanía personal, nunca colaboraron en investigaciones conjuntas. Sus campos de estudio apenas coincidían; Curie se enfocaba en la radiactividad y Einstein en la relatividad. Sin embargo, compartieron momentos íntimos, como una excursión a pie por la Engadina en 1913, y Einstein llegó a describir a Curie como “fría como un pez”, comentario cuya veracidad sigue siendo debatida.
La presión política también marcó su relación. En 1923, tras la insistencia de Curie y otros colegas, Einstein reconsideró su dimisión y regresó al comité de la Sociedad de Naciones. Estos años estuvieron llenos de tensiones, pero la correspondencia muestra cómo ambos científicos se apoyaron mutuamente en momentos críticos.
La publicación de estas cartas ofrece una visión inédita de la vida privada de dos de los mayores genios del siglo XX, revelando que, más allá de sus brillantes teorías, también lidiaron con emociones, amistades y conflictos que moldearon la historia de la ciencia.
Fuente: xataka